miércoles, 2 de noviembre de 2016

BETO ÁVILA... LEYENDA



CIUDAD DE MÉXICO, México, abr. 1, 2003.- La grandeza de sus hazañas, reflejadas en estadísticas muy difíciles de superar, se quedan cortas ante el orgullo de haber llevado una existencia colmada de éxitos, amor y salud.

Pocos deportistas pueden darse el orgullo de haber gozado una vida plena y ser al mismo tiempo una leyenda en su especialidad.

El que sí lo expresa a los cuatro vientos es don Roberto Ávila González, el primer gran ídolo mexicano en el mejor beisbol del mundo y, sinceramente, se lo merece más aún en el día de su cumpleaños 79, una fecha que debe destacarse porque se trata de una de las figuras más destacadas del deporte mexicano en toda su historia.

Desde su hogar en el puerto de Veracruz, Beto Ávila accedió a platicar con Televisadeportes.com en la víspera de su cumpleaños que habrá de disfrutar al lado de su familia.

Aunque nunca se puede dejar de mencionar su título de bateo de la Liga Americana de 1954, con promedio de .341, con los Indios de Cleveland, para ser el primer champion bat latinoameriano en las Mayores, esta vez no vamos a ahondar en sus 11 campañas en las Mayores, ni en su promedio de .281, sus 80 jonrones y 465 carreras producidas; tampoco su paso por el Puebla ni su regreso a la Liga Mexicana para coronarse con los Tigres, en 1960, antes de despedirse de los diamantes.



Hoy, Beto Ávila, el hombre, el padre de familia y el personaje que se quedó en los corazones del público mexicano aún sin el uniforme de beisbolista es el que nos abre su corazón y nos relata esa parte de su historia que pocas veces se detalla y que es una referencia más amplia para las nuevas generaciones de aficionados y para aquellos que no tuvimos la fortuna de verlo en acción.

“De la familia de mi papá yo sólo conocí a un hermano que vivía en Cosamaloapan, de donde mi padre se vino a Veracruz siendo muy chiquillo. Aquí fue donde hizo su hogar, aquí se casó y aquí nacimos todos en el puerto de Veracruz”, así inicia el relato de su vida al referirse a sus orígenes.

Hijo de José María Ávila y de Andrea González, el pequeño Roberto, el menor de nueve hermanos, nació el 2 de abril de 1924. De los cuatro varones y cinco niñas del matrimonio Ávila González, sólo él sobrevive, dato que menciona con serenidad y nostalgia a la vez.

Sin embargo, de dos de sus hermanos captó la pasión por el Rey de los Deportes: “Tuve dos hermanos que jugaron beisbol, Juan y Pedro, quien jugó en la Liga Mexicana. A Pedro le decíamos ‘Perico’, jugó en el Veracruz, primero (1943), y luego jugó cuando yo todavía estaba en el Puebla (1944). La verdad es que ‘Perico’ fue muy buen bateador, por desgracia tuvo un accidente jugando beisbol al fracturarse una pierna y esto mermó sus facultades para poder haber seguido más adelante”.

De lo poco que se trató en la plática sobre su carrera profesional fue la buena suerte que tuvo al no sufrir una lastimadura que cortara sus aspiraciones como sucedió con su hermano, quien fue un buen tercera base: “Yo tuve mucha fortuna, nunca me lesioné nada serio de verdad, hasta el día que me retiré, mi cuerpo estaba muy bien. Sólo tuve una pequeña fractura tuve en el dedo pulgar en un juego contra los Yanquis, en el año ’54”.

Otra figura de trascendencia



En ese recorrido por su incursión en el beisbol profesional, Beto Ávila trajo a la memoria al empresario que dio el impulso definitivo al deporte de sus amores en nuestro país:

“En 1940, fue el año en que Jorge Pasquel compró unos parques de la Liga Mexicana e hizo su propia liga contra la Liga Mexicana. Compró el parque de aquí de Veracruz, compró en México el parque que sería del Seguro Social, que entonces era el Parque Delta y compró otros parques en otras ciudades de la Liga Mexicana.

El Águila de Veracruz, que jugaba en la Liga Mexicana, como el Condor, como el Comintra, el Monterrey, tuvieron que jugar en otros parques porque no pudieron jugar aquí en el Parque Deportivo porque Pasquel lo había comprado. Entonces jugaron en el Parque Aduana, que no era muy grande, pero era bonito y ahí jugó el Club Águila, en el año ’40, y mi hermano ‘Perico’ jugó ese año con ese Águila y yo comencé a ir con él a los entrenamientos antes de empezar la temporada y luego en la temporada seguí yendo y fue cuando me nació el jugar beisbol”.

Funda una sólida familia


Uno de los orgullos de don Beto Ávila son sus 51 años de matrimonio con Elsa Díaz Mirón, sobrina-nieta del poeta Salvador Díaz Mirón. A Elsa, la conoció en su época estudiantil: “Mi señora estaba estudiando en una escuela particular y yo estudiaba en la antigua preparatoria y nos conocimos como colegiales, pero hasta ahí. Ya luego cuando comencé a jugar fue cuando en realidad me le acerqué y me casé con ella precisamente en el año de 1951, el 10 de diciembre”.

Así se forjó una pareja que soportó las exigencias de la vida de un pelotero profesional como lo son los viajes, las largas ausencias del hogar, la vida pública y la dedicación a los entrenamientos, los partidos y las presentaciones personales.

“Mi señora siempre me acompañó. Yo siempre me la llevé a Estados Unidos, cuando me fui en el año ’48. Siempre me acompañó a donde yo iba a jugar. De hecho, por las fechas en las que nacieron dos de mis hijos les tocó nacer en Cleveland. Mi hijo el mayor, Roberto, nació en Cleveland porque vino en plena temporada porque estábamos allá. Luego vino Elsa, ella sí nació aquí en Veracruz; de ahí, Patricia, que es la otra que nació en Estados Unidos y el más chico, José Alberto, que nació en el puerto de Veracruz”.


Abuelo de 11, el célebre segunda base de la “Tribu” señala de muy buen humor: “Cuando nos reunimos, somos más de 20 personas para cualquier cosa”.

Además del agradecimiento por más de cinco décadas de feliz relación, el ex pelotero reconoce los méritos de doña Elsa para sacar adelante a la familia cuando él se encontraba en sus mejores momentos en las Mayores: “El primer año que me la llevé fue hasta los entrenamientos, en Tucson, Arizona, que era donde entrenaba el Cleveland.

En los otros años ya no. Mi hijo Roberto nació en el primer año en que ya estábamos casados y ella me alcanzaba en Cleveland, donde buscaba yo una casa para vivir y llegaba prácticamente un mes después de que había empezado la temporada y se venía poco antes de terminar la temporada. Así que mi pobre señora sufrió un poco yendo y viniendo con los hijos, pero siempre estuvo conmigo a donde quiera que yo jugué en los Estados Unidos”.

Las razones del adiós a los diamantes


Un detonante para colgar los spikes se presentó cuando la pareja no pudo estar junta durante más de medio año; “En el último año que jugué, mi señora ya no pudo ir porque ya mis hijos estaban estudiando la primaria y no podían perder el año por ir allá a Estados Unidos. Así que yo me pasaba casi ocho meses en los Estados Unidos y nada más estuvo ella 15 días conmigo, en el último año. Esa fue una de las razones por las que me retiré del beisbol para estar con mi familia, ver crecer a mis hijos y estar con ellos todo el tiempo”.

Beto Ávila, el político

Un amigo suyo de la embajada mexicana en Washington, de nombre Justo Sierra, lo introdujo a la política, tal vez involuntariamente porque ambos no coincidían en su opinión sobre quien sería el próximo candidato del PRI a la presidencia de México y, por lo tanto en aquel entonces, el seguro siguiente mandatario. Ávila creía que Ángel Carvajal, ex gobernador de Veracruz, sería el “tapado”, mientras que Sierra atinó con la designación de Adolfo López Mateos para el sexenio 1958-1964.

A través de Sierra, el candidato oficial invitó a Beto Ávila a organizar un evento deportivo en el Estadio de la Ciudad de los Deportes (ahora conocido como Estadio Azul) como parte de su campaña de proselitismo.


El veracruzano aceptó y dijo que llenaría el inmueble lo que logró al presentar a figuras de la categoría de los medallistas olímpicos Humberto Mariles, Joaquín Capilla, y a los jovencitos campeones de la Serie Mundial de las Ligas Pequeñas de beisbol, también conocidos como los “Pequeños Gigantes”.

También presentó 15 minutos del Clásico de Clásicos del futbol mexicano entre América y Guadalajara y 20 minutos de exhibición del clásico estudiantil de futbol americano entre Universidad de México y Politécnico y, para completar ese impresionante espectáculo, dos rounds de boxeo del ídolo de la época José “Toluco” López. La entrada gratuita provocó un lleno sensacional, lo que resultó un gran éxito para Roberto Ávila.

Sumamente impresionado y feliz por el acto político, López Mateos agradeció a Ávila y ello fue su primer incursión en la política: “Cuando dejé de jugar, me invitó el licenciado López Arias, entonces candidato a la gubernatura de Veracruz para que yo participara en la película”.

Don Beto reseña así su carrera en los cargos de elección popular: “En el año ’62, ‘jugué’ para diputado local y gané. Fui diputado local. Luego ‘jugué’ para diputado federal, cuando Luis Echeverría era presidente, y gané y fui diputado federal de 1970 al ’73. Luego fui alcalde de Veracruz, en el periodo de 1976 al ’79. La gente me apreciaba bastante, me sirvió un poco lo del deporte, por supuesto, pero más que nada porque ‘jugué’ por lugares por los que yo era y que la gente me conocía de siempre”.

Una de las razones de su éxito en las urnas fue su fidelidad y lealtad a su tierra natal: “Siempre radiqué en Veracruz, yo nunca dejé de vivir aquí aunque jugara en el extranjero en el beisbol, pero mi casa siempre estaba aquí en Veracruz. En política igual, yo nunca dejé de vivir en Veracruz, nunca me quedé a vivir en Jalapa, nunca me quede a vivir en México aunque fui diputado local y diputado federal”.

Hombre feliz a fin de cuentas



Sus aficiones fuera del beisbol le siguen dando vida: “Me gusta mucho el cine. Cuando yo jugaba, iba muy seguido al cine allá en Estados Unidos. Leer siempre me gustó y hasta la fecha lo sigo haciendo. Y jugar golf. Jugué golf por más de 50 años y eso me ha ayudado a conservarme”.

Dueño de una excelente salud y una muy agradable claridad de pensamiento, se declara siempre agradecido con la vida: “Por fortuna, tengo lo más valioso en la vida, aparte de la familia, que es la salud. Así es que he sido una persona muy afortunada.

Primero, por mi familia; ya lo he dicho con mis 51 años casados con la misma esposa, con mis hijos siempre cerca y, en política tuve éxito y tuve éxito también en el deporte. Le doy mis respetos al pueblo de México y al pueblo de Veracruz, que siempre me han seguido con mucho cariño y me recuerdan todo el tiempo. Tú ves que muchos atletas profesionales se retiran y a los pocos años ya no hay quien los recuerde ni se acuerdan de que existieron.

Yo tengo 43 años de que me retiré del deporte y la gente me sigue recordando con mucho cariño. Eso de verdad, son satisfacciones muy grandes para mí”.

También para nosotros, señor. Felicidades.


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