miércoles, 25 de noviembre de 2020

UNA LEYENDA: YANKEE CLIPPER

 


 

Al Bat

 

“Yankee Clipper”

 

Por Jesús Alberto Rubio.

 

Este 25 de noviembre se cumplió un aniversario más del nacimiento del gran Joe DiMaggio, quien llegó a este mundo en 1914.

 

El legendario Yankee Clipper.

 

Por qué no rescatar su memoria.

 

Sí, su vida-trayectoria, a partir de 1936 cuando hace su aparición en el beisbol de las Ligas Mayores:

 

Exacto.

 

La historia comienza así:

 

En medio de fanfarrias y grandes expectativas en la primavera de 1936 fue todo un suceso el arribo de Joe DiMaggio a los Yankees de Nueva York procedente de las Focas de San Francisco de la Liga de la Costa del Pacífico.

 

Cifraba 21 años y traía una elocuente tarjeta de presentación: 61 juegos consecutivos pegando de hit, un récord vigente en ese circuito y que logró a sus 18 años de edad enfundado en la casaca de las Focas.

 

Además, había capturado el título de producidas con 169 carreras, lo que le dio el mejor contrato de la época para un novato con los Yankees por 25,000 dólares.

 

Su presentación el 3 de mayo en el line up no podía ser mejor: triple y dos sencillos en la victoria de 15-4 de N.Y. sobre los Cafés de San Luis. 


En su espalda lucía el número 9, el cual pronto cambiaría por el famoso 5 de toda su vida.

 

Previo, cuando apareció en los entrenamientos de primavera, recibió del inmenso Babe Ruth, quien un año antes se había retirado para irse a jugar su última temporada a los Bravos de Boston, un supremo cumplido:

 

En su visita al clubhouse yankee, el Babe le saludó de mano y le llamó “Hey Joe”, algo que a todos sorprendió porque solía decirles “Doc” a los veteranos y “Kid” a los novatos. 


Ruth, tenía la característica de ser desmemoriado y difícilmente llamaba a alguien por su nombre.

 

Su aparición, coincidió con el ocaso de la carrera de Lou Gehrig ya que el 2 de mayo de 1939, puso fin a su racha de 2,130 partidos jugados consecutivamente con los NYY.

 

Ese día no salió al campo contra los Tigres de Detroit en el Briggs Stadium. Y nunca más volvió a jugar. Babe Dahlgren tomó su sitio en la primera base y Nueva York venció 22-2 a los bengaleces.

 

Gehrig dejaba el beisbol a causa de causa de una esclerosis lateral amiotrófica que le llevó a la tumba el 2 de junio de 1941. A ese mal aún se le conoce como “La enfermedad Gehrig”.

 

Quedaba atrás grandes jornadas triunfales en los años 20 y 30 con los Bombarderos de N.Y... al lado del adorado Bambino.

 

Pero DiMaggio ya estaba liso para continuar con la dinastía y orgullo Yankee.

 

Y el gran novato, de ascendencia italiana, respondió a las expectativas al conectar .323, pegar 29 jonrones y producir 125 carreras, siendo el líder en triples con 15 y en asistencias en el jardín central, con 22.

 

Además, impuso nueva marca en el circuito para un novato, con 132 anotadas en la campaña y de haber ya existido la nominación “Novato del Año”, Joe lo hubiese ganado... de calle.

 

Por supuesto que los Yankees con su gran ayuda obtendrían el banderín con 19.5 juegos de ventaja sobre Detroit.

 

El banderín lo aseguraron el 9 de septiembre, la fecha más temprana en la historia de una campaña en la Liga Americana y terminaron ganando 102 juegos para nueva marca de la época.

 

 Y, en la Serie Mundial, vencerían en seis juegos a los Gigantes de Nueva York en la que contribuyó con 9 hits (pegó 3 dobles; la cifra más alta del clásico) y promedió .346.

 

Fue aquel inolvidable clásico en que peloteros y fanaticada volvieron a subirse al Metro (subway) tal y como había sucedido en 1923 en que para ir a jugar al Polo Grounds y al Yankee Stadium se trasladaban en ese romántico y tradicional medio de transporte.

 

Los Yankees volvían al primer plano.

 

En 1932 habían obtenido el clásico de Octubre (4-0) sobre Chicago Cubs, en aquella serie otoñal en la que el gran Babe Ruth, en el Wrigley Fields, le pegó un “jonrón anunciado” a Charlie Root que se convirtió en leyenda.

 

En aquel histórico partido, Ruth pegó jonrón en el primer inning después de que los jugadores de Chicago lo habían abucheado sin piedad. Luego en la quinta, de nuevo le molestaron con rudeza, pero el Babe hizo de las suyas: dejó pasar dos strikes y en cada uno indicó con los dedos de la mano derecha la cuenta que llevaba.

 

Entonces el gran Bambino apuntó hacia las gradas del right-centro y al siguiente lanzamiento de Root, lo puso de jonrón sobre aquel lugar para sorpresa de toda la fanaticada que no daba crédito a lo que acaba de presenciar. Sería su último jonrón (15) en Series Mundiales.

 

Su mejor equipo

 

Joe DiMaggio siempre dijo que su mejor equipo fue precisamente el de 1936. Bueno, ahí estaban seis futuros Salón de la Fama: Lou Gehrig, el segunda Tony Lazzeri, el catcher Billy Dickey, los pitchers Red Ruffin, Lefty Gómez... y él mismo.

 

Gehrig, por ejemplo, ese año fue el Jugador Más Valioso al pegar .354 y liderear a la liga en jonrones (49), impulsadas (152), bases (130) y slugging (.696); Franckie Crosetti logró anotar 130 carreras y Dickey bateó .362 y 22 vuelacercas.

 

Pero lo más grandioso de la temporada fue que implantaron un récord que figura como indeleble en los registros de la historia de Grandes Ligas: 600 carreras impulsadas entre 5 peloteros: Las 152 de Gehrig, 125 de DiMaggio, Tony Lazery (109), George Selkirk (107) y Dickey, 107.

 

Joe conservó lo que fue su primer anillo de oro de aquella Serie Mundial.

 

Pero, resulta que los otros ocho anillos también de banderines en clásicos otoñales, le fueron robados en los años 60 en su cuarto de hotel de Nueva York. Empero, el propietario de los Yankees, George Steinbrenner, mandó a hacer réplicas de cada uno y en 1979 se los obsequió como prueba de eterna amistad.

 

Pero, retrocedamos en el tiempo:

 

La familia DiMaggio

 

Guiseppe Paolo DeMaggio (Joseph DiMaggio), nació el 25 de noviembre de 1914 en Martínez, California y a la edad de seis años su familia se trasladó al sector norte de la playa de San Francisco, una estable comunidad de pescadores comerciantes habitado por una gran cantidad de emigrantes italianos con fuertes lazos con la familia, la iglesia católica y tradiciones de su nativa Sicilia.

 

Fue uno de esos hijos de inmigrantes italianos que llegaron a Estados Unidos, procedentes de Sicilia. Su padre Guiseppe y su madre, Rosalie, tuvieron cuatro mujeres y cinco varones. Se les quedó el DiMaggio, sobre todo en el ámbito del beisbol, porque en EU así suena el apellido DeMaggio.

 

De sus hermanos, Dominic y Vice, llegaron a Ligas Mayores, no así Tom y Mike que se quedaron ayudando en la pesca y reparando redes con su señor padre... y qué clase y calidad de cangrejos del Pacífico se capturaban en esa época.

 

Dominic jugó diez temporadas con Boston y Vince otros tantos, aunque con cinco equipos diferentes.

 

Años más tarde, el glorioso mánager Casey Stengel diría de los tres: “Joe, el mejor bateador; Dominic, el mejor fildeador y Vince... el mejor cantante”.

 

De jovencito a Joe le gustaba ir a jugar beisbol en lo que fue conocido como El Club Local de Chicos, un avispero de peloteros en ciernes y donde comenzó a probar suerte. Era su sitio favorito. Tanto que decidió abandonar la high school para irse a trabajar a una cañería y meterse a la pelota semiprofesional, como campo corto.

 

Estaba decidido a ir tras las huellas de los peloteros irlandeses y alemanes que habían llegado a Ligas Mayores, por lo que a sus 17 años, en 1932, firmó con Las Focas, Triple A de la Liga del Pacífico, sólo que el short era Augie Galan, considerado de los mejores, por lo que muy seguido estaba en la banca, alcanzando a ver acción en tres partidos para batear en esa campaña un pobre .222.

 

Sin embargo, a la siguiente temporada el mánager lo envió al jardín derecho y ahí jugó como si hubiera sido todo un veterano.

 

Más tarde, pasó al jardín central, donde comenzó a demostrar su enorme capacidad y grandeza: impuso la marca de 61 juegos pegando de hit; pegó .340 de bateo, dio 28 jonrones y con 169 producidas le dieron los títulos en cada uno de esos departamentos.

 

Ya era un héroe local.

 

Se había convertido en un éxito de la noche a la mañana. Y todavía venía lo mejor. Era, sin duda, el máximo representante de los peloteros de ascendencia italiana que llegaron a EU. Tenía mejor nivel; más que Crosetti, más que Lazzeri, más que todos.

 

En 1934 conectó para .341 pero una lesión en su rodilla al bajar de un taxi, puso en peligro su carrera en el beisbol:

Medias Rojas, Piratas y Yankees querían su contrato y fueron éstos últimos quienes ganaron la partida, porque buscaban de forma urgente el talento que reemplazara a Babe Ruth, entregándoles cinco jugadores de Liga Menor y pagando 25 mil y no los 70 mil dólares que pedían, las Focas.

 

Su contrato fue uno de los más grandes negocios de la época.

 

En la transacción, el 19 de diciembre de ese año del 34, los Yankees también mandaron a Las Focas al infielder De Farrell, a los lanzadores Floyd Newkirk y Jim Densmore; al primera base Les Powers y al jardinero Ted Norbert.

 

Lo asignaron en la campaña del 35 al mismo equipo californiano y ahí de nuevo volvió a demostrar que era calidad pura al acumular .398 de bateo, pegar 34 cuadrangulares y empujar 154 carreras.

 

Tal actuación, aumentó entre la fanaticada del Bronx por verlo jugar en el Yankee Stadium.

 

Y en realidad, estaban a punto de ser testigos del nacimiento en Ligas Mayores de uno de los más grandes impulsores de la dinastía y orgullo Yankee, como ya lo habían hecho Ruth y Gehrig.

 

Causó gran expectación

 

De ahí, la expectación cuando arribó en 1936 con los Bombarderos y, debido al enorme apoyo de sus compañeros de equipo, no sintió la presión de comenzar a jugar y vivir en la gran Urbe de Hierro.

 

Su debut lo hizo como jardinero izquierdo, pero fue cambiado al derecho por su fuerte brazo. Empero, la historia nos cuenta, de manera trágica, cómo fue enviado al jardín central:

 

En julio 28, DiMaggio y el central Myril Hoag se lanzaron por una línea de Goose Goslin, de Detroit, pero chocaron de frente con sus cabezas. Hoag fue retirado del campo colapsado por un coágulo sanguíneo en su cerebro y no fue hasta ocho meses después cuando retornó al juego.

 

DiMaggio fue movido en agosto 1ro. al jardín central y ahí se mantuvo por el resto de su grandiosa carrera.

 

En su segundo año, 1937, le fue mejor:

 

Fue líder jonronero con 46, la cifra más alta en su carrera y aún récord para un bateador derecho del club; en anotadas con 151, total de bases (418) y en slugging con .673; produjo 151, dio 35 dobles, 15 triples y promedió .346. ¡Nada!

 

También quedó en segundo lugar en las votaciones para el Jugador Más Valioso, título que obtuvo Charlie Gehringer, de Detroit, campeón bat (.371).

 

Por supuesto que NY fue campeón del circuito, 13 juegos arriba de Detroit y, con enorme poderío, repitieron banderín mundial al vencer a Gigantes de Bill Terry en 5, ayudando con .273 y su primer jonrón en series otoñales.

 

“El Valle de la Muerte”

 

Ese 1937 dijo que de jugar en un parque más cómodo para batear y barda más cercana por el jardín derecho, lucharía por pegar ¡70 jonrones!, cantidad que, al paso del tiempo (1998), Mark McGwire lograría para el nuevo récord.

 

 Y es que al jardín izquierdo del Yankee Stadium se le conocía como “El Valle de la Muerte”, por el cual pegó cientos de batazos de 400 pies... que fueron outs.

 

Por ello, su más grande frustración fue en el sexto juego del clásico mundial del 47 cuando conectó un obús de 415 pies que iba de jonrón por el izquierdo-centro y fue dramáticamente atrapado por Al Gionfriddo:

 

 

Joe, no podía creerlo y, cuando estaba a la altura de la segunda base, pateó el terreno de coraje y luego ya en su posición en el jardín, daba vueltas a su alrededor, sin poder aceptar lo que había sucedido. De todas formas, Nueva York ganaría en dramáticos siete juegos el clásico a Dodgers de Brooklyn.

 

Una nueva era

 

El nuevo ídolo del beisbol se dio tiempo, ya con dos tronos mundiales, para actuar en la película “El Carrusel de Manhattan”, donde tuvo su primera y última aparición pública como cantante, en un pequeño papel del filme en blanco y negro donde se le ve gallardo, elegante, vestido de traje.

 

Dentro y fuera del terreno de juego comenzaba a ser gran figura nacional, de grata notoriedad.

 

En 1938, entró en negociaciones y disputa salarial con NY que le ofrecía 25 mil dólares por temporada, lo cual rechazó y se fue a entrenar a otro campo fuera del Yankee Stadium, de tal forma que no alineó en el partido inaugural en Boston.

 

Incluso se fue al muelle de pescadores, en la bahía de San Francisco, donde junto con su familia habían inaugurado un restaurant, con comidas típicas italianas, como uno de los mejores atractivos del área.

 

Finalmente, capituló ante Jacob Ruppert, propietario de los Mulos, sin mostrar algún rencor y luego entendió el por qué recibió abucheos de la fanaticada cuando volvió al terreno de juego:  Todavía no terminaba la recesión económica y había más de ocho millones de desempleados por toda la Unión Americana.

 

Con todo y ello, demostró que que estaba compaginando la era DiMaggio: Inspiró a los Mulos para que lograran su tercer banderín del circuito en forma consecutiva al pegar .324, impulsar 140 y conectar 32 vuelacercas.

 

Luego, con cuatro carreras anotadas, un jonrón y .267 de bateo, ayudó a los Yankees a obtener su tercera corona mundial consecutiva al limpiar en cuatro juegos a los Cachorros.

 

Aquel 1938 fue el año en que el gigantón Hank Greenberg, de Detroit, puso a temblar la marca de 60 cuadrangulares de Ruth (impuesta el 27), al conectar 58 de cuatro esquinas.

 

Fue también la campaña del enorme Bob Feller, quien con Indios impuso marcas en ponches (18) en un juego y de 240 en rol regular.

 

 

Cuarto banderín mundial

 

En 1939, cuando impactan los filmes “Lo que el Viento se Llevó”, “El Mago de Oz” y empezaba la II Guerra Mundial, DiMaggio, los Yankees obtuvieron su cuarta corona seguida.

 

Joe, logró el título de bateo con .381, el más alto de su carrera, y el primero de los tres trofeos de Jugador Más Valioso que obtuvo en su carrera y de nuevo los Mulos aparecieron en el Clásico de Octubre, ahora ante Cincinnati a quienes limpiaron en 4 y donde ayudó con .313 y otro cuadrangular.

 

Yankees llegaban así a 4 banderines mundiales consecutivos, algo fuera de serie y todos los reflectores giraban en torno a los Yankees y... DiMaggio.

 

Fue ese año cuando el locutor de los Mulos, Arch McDonald, le puso el famoso sobrenombre de “Yankee Clipper” por su majestuosidad en el fildeo.

 

Clase y talento

 

Como jardinero central era el mejor de todos, con una gracia, clase, estilo y habilidad increíbles.

DiMaggio se caracterizaba por ser el primero en salir de la caseta y partía volando hacia el jardín; también era muy inteligente para correr las bases. Tenía estampa y personalidad y todos los ojos de la fanaticada estaban fijos en él.

 

Fue toda una inspiración y la prueba es que Nueva York construyó equipos alrededor de este líder impresionante.

 

Así como iba DiMaggio, así iban los Yankees.

 

“Era maravilloso contemplarlo y verlo jugar; reflejaba clase, talento y era el más grande héroe para los chicos de esa época.

 

Además, simbolizaba el orgullo Yankee, como antes lo habían hecho Ruth y Gehrig, imponiendo el nivel de oro del beisbol”, decían periodistas de esos años, cuando el admirador número uno del jugador casi perfecto, lo fue ni más ni menos que el presidente Roosevelt.

 

Tenía también algo que llamaba la atención y que se calificaba como una rareza en el beisbol: Su forma tan amplia de pararse en jom. Y todos querían imitarle.

 

También 1939 significó el retiro de Lou Gehrig con sus 2,130 juegos seguidos.

 

Y algo más sentimental:

 

En noviembre 19 de ese año, Joe se casó con la rubia artista de Hollywood, Dorothy Arnold en la iglesia de San Pedro y San Pablo de San Francisco, mismo lugar donde habían celebrado su primera comunión.

 

Y en octubre 23, tuvo su único hijo, Joe Jr. Pero, a fines de 1943, se divorciaron y el niño quedó bajo custodio de Dorothy.

 

En 1940 Yankees se quedó dos juegos atrás de Detroit y uno bajo del sublíder Indios, para perder la gran racha histórica. Los Tigres cayeron en la Serie Mundial ante Cincinnati en siete dramáticos juegos.

 

De todas formas logró su segundo título de bateo consecutivo, con .352. Pegó 31 jonrones, impulsó 133, dobleteó 43 veces y tuvo once triples.

 

El siguiente verano, cuando el espectro de guerra ensombrecía a Europa, el beisbol en EU significaba un bálsamo para el espíritu.

 

He iba a venir algo para la historia:

 

El gran récord

 

1941 le auguraba a DiMaggio algo fuera de serie:

 

A sus 26 años medía seis pies y dos pulgadas y 200 libras de peso.

 

En los juegos primaverales, bateó de hit en los 19 juegos de exhibición y luego 8 en los primeros de la temporada regular.

 

Llegó el 15 de mayo:

 

Los Yanquis jugaban para .500 (14-14) bajo la dirección de John McCarthy y en los dos juegos anteriores se había ido de 0-3 contra Bob Feller y de 0-4 ante Mel Harder. Ahora iban contra Chicago.

 

McCarthy estaba molesto con el equipo luego de recordar que un año antes Detroit les había cortado la racha de cuatro títulos de liga y de Serie Mundial seguidos, de tal forma que los ánimos newyorkinos estaban caídos.

 

Esa tarde, ante la amenaza de lluvia, el parque concentró a poco menos de 10 mil aficionados en las tribunas y fue ahí, ante el zurdo Edgar Smith, “bravo como un bulldog”, diría Rizzuto, ante quien DiMaggio iniciaría su formidable racha de... 56 juegos consecutivos pegando de hit. Algo formidable, para la historia.

 

Medias Blancas ganó 13-1 y Joe impulsó con hit la única carrera de NY.

 

Al siguiente partido, pegó triple y jonrón de 450 pies....ganó Yankees y ya llevaba dos juegos pegando de imparable.

 

El récord para Yankees era de 29 juegos y lo tenían Roger Peckinpaugh, en 1919, y Earl Combs, desde 1931.

 

El 17 de junio, ante Medias Blancas, los rebasó, aunque con una angustia de a buenas por lo que vale la pena contarlo en detalle:

 

En la séptima no había podido conectar de hit y dio entonces un rodado por el short que parecía fácil, pero de último momento dio un mal bote y le pegó al torpedero Luke Appling, quien recuperó la pelota y tiró a primera pero ya fue tarde.

 

Sus compañeros esperaban ansiosamente lo que se iba a marcar.

 

En aquel entonces la pizarra del Yankee Stadium no marcaba hit o error por lo que todos tenían que esperar la señal desde el palco de anotación, en donde el periodista Dan Daniel diría su última palabra. Después de una espera que lució interminable, Daniel levantó la mano para indicar que era imparable.

 

Nunca olvidó ese hit ya que fue el único dudoso en toda su racha. Todavía en la octava, Taft Wright le engarzó un tablazo que parecía jonrón para un gran out.

 

Siempre luchó contra el pitcheo de Chicago, irónicamente, donde inició su gran récord. Ahí dos veces estuvo a punto de perder la racha por dos rolas de mal bote; primero contra Appling y luego frente al tercera Bob Kennedy. Ante el derecho de los Sox, Johnny Rigney, se fue de 1-3, 1-5, 1-4 y 1-3.

 

Por poco y....

 

DiMaggio, siete veces llegó a su última oportunidad al bat sin conectar de hit, pero lo más dramático ocurrió en el partido 37 frente a los Cafés de SL en junio 26:

 

El lanzador de submarinas Eldon Auker lo había dominado en tres ocasiones y al cerrar la octava Joe era el cuarto bateador del inning, ganando Yankees por dos carreras.

 

Con un out, Red Rolfe recibió base y el siguiente bat, Tommy Henrich, temiendo batear para doble play volteó a ver al mánager Joe McCarthy y le preguntó si podía sacrificarse. “Adelante, hazlo”, le dijo y así ocurrió, lo que le dio oportunidad al Clipper de venir al bat y.... pegar doblete al primer envío. ¡Uff!

 

La presión era muy fuerte, tanto que hasta el torpedero Phil Rizzuto se pegaba un chicle debajo de su gorra para la buena suerte. Sus compañeros sufrían cuando pasaban los innings y no podía conseguir imparable.

 

Todo mundo estaba pendiente de su racha.

 

Los periódicos y la radio le seguían partido tras partido. El público, le acosaba en todo lugar para pedirle un autógrafo.

 

Joe mejor optaba la mayoría de las veces por quedarse escondido en su departamento y, en las giras, en su cuarto de hotel.

 

Una vez su compañero Johnny Murphy lo encontró en la última fila del cine Broadway. Evitaba que el público lo viera.

 

Ir a un restaurante, significaba que sus admiradores le iban a maltratar su ropa. Por eso en las giras comía en su cuarto. Algunas veces, al abrir la puerta, tenía enfrente hasta 50 muchachos en espera del autógrafo.

 

El lugar más seguro para él, sin duda, era el parque de pelota en donde los fanáticos no podían llegar, ni al vestidor ni al terreno. DiMaggio solía vestirse despacio antes de los juegos y todavía más lento al terminar el partido. Incluso, llegaba a beberse hasta 23 tasas de café en cada jornada.

 

Según Phil Rizzuto, DiMaggio tenía una forma especial para descansar durante el juego: Cuando no le tocaba batear, se sentaba tranquilamente cruzando las piernas y con lo ojos semicerrados y siempre escogía el mismo lugar, cerca del pasillo de donde se salía ocasionalmente para darle unas chupadas a un pitillo.

 

En esos días, de haber estado ya la televisión, las cámaras hubiesen captado en el dogout a un DiMaggio nervioso, tomando café y fumando cigarros entre los innings.

 

De hecho, algunos de sus compañeros se atreven a decir que Joe no hizo muchos amigos cercanos en el equipo y que con frecuencia sufría de insomnio y de úlcera.

 

En realidad, la presión durante la racha, le afectaba más al ir al fildear “pero era imposible quitarme de la cabeza lo que estaba sucediendo”.

Por fuera del parque, procuraba no hablar del asunto. Solía guardarse todo por dentro. Incluso, nunca fue expulsado de un partido.

Una vez, dudó de un strike que le cantaron y por ello miró hacia atrás, pero el umpire le dijo: “Te juro, Joe, que fue un strike”.

 

En los viajes largos por tren, la mayoría de los yanquis se juntaban para platicar, pero casi siempre estaba solo, sobre todo si la conversación no era de beisbol.

 

DiMaggio era por demás especial. Incluso, por su forma de ser, nunca le daba por hacer bromas a sus compañeros o simplemente payasear dentro y fuera del campo de beisbol.

 

El 29 de junio, en Washington, empató y superó en un doble juego la marca moderna de 41 juegos, impuesta en la Americana por George Sisler en 1922. En el primer partido le pegó doble al nudillero Emil “Dutch” Leonard en el primer y, en el segundo hit al relevista Arnold Anderson.

 

Sisler, diría: “Este hombre todo lo hace natural. No es cuestión de suerte su racha, simplemente es un gran bateador”.

 

Dos días después, volvió a hacer historia:

 

Con un jonrón sobre el derecho Heber “Dick” Newsome, de Medias Rojas, terminaría con una legendaria marca de 44 juegos consecutivos pegando de hit que prevalecía desde 1897 y que poseía en la Nacional Wee Willie Keeler, de los Orioles, en aquella época del beisbol del siglo pasado que tenía otras reglas, como aquella de que un foul no contaba como strike y que los guantes y los bats eran muy distintos, entre otras cosas.

 

Le robaron el bat

 

Cuando impuso marca de 45 juegos seguidos pegando de hit alguien le llamó por teléfono para decirle que sabía donde estaba el bat que había extraviado días antes. En tanto había estado utilizando el de Tommy Henrich. (En esos días cada pelotero tenía un solo bat).

 

La voz anónima le comunicaba que un amigo suyo lo había robado para presumir de que era de su propiedad, pero que ahora quería devolverlo.

Joe le dijo que no había problema alguno y cuando llegó al parque el 4 de junio, lo encontró en el vestidor. Se sintió feliz y se mostró ansioso por probarlo de nuevo.

 

Al siguiente día, de sol en Nueva York, frente a Atléticos de Filadelfia, conectaría con ese bat su jonrón 19 de la campaña.

 

Otra ocasión, Johnny Babich le dio boleto intencional en su primer turno y luego quiso repetirlo en el segundo: “Me alejé unas cuantas pulgadas, y cuando llegó la pelota, se la conecté entre sus piernas. Nunca me sentí más satisfecho”.

 

Todo terminó en Cleveland

 

Con todo y ello, DiMaggio seguía “caliente con el bat”, acaparando todos los comentarios y titulares a pesar de que “El Gran Escupidor”, Ted Williams, estaba a punto de convertirse en el último pelotero en batear arriba de los .400.

 

La tarde del 16 de julio en Cleveland unos 15 mil eufóricos aficionados no se imaginaban que iban a presenciar los últimos tres hits que coleccionó en su enorme racha ya que todo terminaría al siguiente partido:

 

Y así fue:

 

El 17 de julio ante 67, 468 fanáticos, la entrada más grande de la temporada en el estadio Municipal del Lago Erie, no pudo conectar de imparable frente al abridor, veterano de 33 años, Al Smith (12-13 ese año) y el relevista Jim Bagby Jr. (9-15), quienes fueron ayudados por dos geniales atrapadas del tercera Ken Keltner, de Cleveland.

 

Esa noche, con pasto mojado porque horas antes había llovido, Keltner le jugó profundo y pegado a la línea izquierda ya que Joe nunca tocaba la pelota:

 

“Bien, dos veces envió sus balazos pegados a la raya. Tuve que jugar a guante volteado las dos veces, componerme y tirar a primera. Lo saqué out por una pestaña, en ambas ocasiones”, dijo Ken después del histórico partido que lo lanzó a la fama como héroe... ¿O villano?

 

Esa noche hubo otro momento, dramático, que pudo haber cambiado la historia:

 

En la octava, frente a Bagby (murió en 1988 de cáncer a los 71 años de edad y no hablaba desde 1982 cuando le extirparon la laringe maligna), pegó una línea al short Lou Boudreau, pero en el último instante la pelota tuvo un bote extraño y pasó por encima de su hombro.

 

Parecía el hit 57, pero...

 

Rápido como era, tomó la esférica que se anidaba en su oreja y a mano limpia la depositó en segunda base para iniciar una doble matanza... y adiós racha. Todo había acabado: Se había ido de 3-0, con una base por bolas.

 

Boudreau, quien más tarde sería mánager de Cleveland, cuando Beto Avila jugó en Ligas Mayores y en aquel 1954 en que se coronó campeón bat (.341), había hecho una de sus clásicas jugadas.

 

Pero fue Keltner el que salió del estadio bajo escolta policiaca pues había cientos o miles de sus seguidores en Cleveland. (N.Y. ganó ese partido 4-3).

 

Lo cierto es que al siguiente juego después de establecer el gran récord, inició una nueva de 17, lo que quiere decir que hubiese terminado con ¡73 juegos consecutivos pegando de hit!

 

Joe DiMaggio vislumbraba una nueva era en esta especialidad; había terminado con la legendaria marca de Wee Willie Keeler y, antes, de George Sisler.

 

Joe le dio el crédito de su notable récord a sus compañeros de equipo, pero sí recordó aquella famosa frase creada por Keeler, “Dales donde no están”.

 

Cuando sus 56 hits, el gran Yankee acumuló .408 y sólo abanicó la brisa... 5 veces. De hecho, en la temporada sólo se ponchó trece veces y recibió 76 bases. Rara vez abanicaba la brisa.

 

En cuatro de los 56 juegos, llegó a tener jornadas de 4-4, con 35 extrabases y en 34 veces se fue solo con un hit.

 

En ese período, pegó .364 en sus primeros 30 juegos y .457 en los siguientes 26; en total coleccionó 91 hits, pegó 15 jonrones, 6 dobles, 4 triples, empujó 55 carreras y recibió 21 bases.

 

Todo, frente a 47 lanzadores diferentes, en tanto que NY tuvo 41-13 para porcentaje de .750. (dos juegos terminaron empatados).

 

DiMaggio finalizó la campaña con .357, tercero de la liga y segundo porcentaje más alto en su carrera; encabezó a la Liga en producidas con 125, fue sublíder en dobles con 43 y cuarto en jonrones con 30. Logró también once triples.

 

Ese gran truco le hizo ganar su segundo título de Jugador Mas Valioso con todo y que en el mismo período de la racha, Ted Williams logró .412 de bateo y terminaría con porcentaje de .406, la última cifra ofensiva más alta en Ligas Mayores). También superó a Bob Feller, que había ganado 25 juegos para Cleveland.

 

Yankees, claro está, bajo la estrategia del genial mánager John McCarthy, fue el campeón del 41: terminaron 17 juegos sobre Boston y en cinco acabaron con Dodgers, quienes volvieron al clásico desde la última vez, en 1920.

 

Fue la serie que daba inicio a la acérrima rivalidad entre Yankees y Dodgers de Brooklyn y en la que el catcher Mickey Owen cometió un fatídico pasbol que permitió a los Mulos levantarse en el cuarto choque de una desventaja de 4-3 para ganar 7-4 y ponerse en el clásico arriba en el clásico 3-1.

 

Cabe recordar que Pete Rose, en 1978, con Rojos de Cincinnati fue el último pelotero que más se acercó a la gran marca, al conectar de hit en 44 juegos seguidos.

 

El gran Clipper no se sorprendió por el esfuerzo que puso Rose en alcanzar su récord, pero afirmó que luego le molestó su actitud cuando su cadena de hits llegó a su fin:

 

“Pensaba que Pete podría hacerlo. Tenía muchas cosas a su favor, como ser un excelente pelotero, gran poder y capaz de batear en cualquier cancha. Pero no me gustó el hecho de que cuando fue detenido en su intento, acusó al lanzador por no haberle lanzado una bola rápida al centro”.

 

Joe DiMaggio siempre dijo que todos sus hits fueron legítimos y que de ninguna manera recibió tratamiento especial de los anotadores oficiales durante su época.

 

Y en cuanto al futuro de su récord, siempre ofreció la misma respuesta que dio el 17 de julio de 1941: “Alguien lo romperá. Bueno, al menos he estado diciendo esto desde hace muchos años...”.

 

Cabe precisar que el récord profesional pegando más hits en juegos consecutivos aún lo tiene Joe Wilhoit, quien alcanzó la cifra de 69 con el Wichita Western League en 1919.

 

Inspiró a Hemingway

 

Joe DiMaggio, sin duda, también fue motivo de inspiración para la orquesta de Les Brown que puso de moda en 1941 la melodía “Joltin Jo DiMaggio” y luego a Simon and Garfunkel en 1968, con “Señora Robinson” que hacían alusión a él; luego, sorprendió al mundo y a la sociedad estadounidense cuando se casó con Marylin Monroe.

 

También el notable escritor Ernest Hemingway lo utilizó como símbolo en su obra literaria “El Viejo y el Mar”: “Ten fé en los Yanquis”; ten fe en los Yanquis, hijo mío. Ellos tienen al gran DiMaggio”, dijo en su obra legendaria.

 

Ya era el “Joltin Joe” de Estados Unidos y mire usted:

 

 

DiMaggio fue hizo comerciales para televisión como Mr Coffee (Sr. Café) y el de Corn Flakes Wheaties, muy popular en los 40´s, además de convertirse en parte del vocabulario de la familia estadounidense.

 

También Bill Robinson, el famoso bailarín de aquellos años, era gran fanático de los Yanquis y solía bailar pasos de tap entre las entradas sobre la caseta del equipo para darle buena suerte.

 

En Ontario, unos miembros de la comunidad italiana formaron un nuevo club llamado Davedi en honor a Dante, Verdi y DiMaggio.

 

El director de Deportes del principal periódico de San Luis le sugirió al mánager McCarthy que DiMaggio cambiara el número 5 que usaba por el de 56 para recordarse a todo mundo su hazaña, pero no estuvo de acuerdo.

 

También ese año fue elegido uno de los 10 hombres más interesantes de EU.

 

Bueno, qué decir de que fue el primer pelotero de Ligas Mayores en alcanzar al terminar la campaña del 48 el contrato anual más alto de la historia: 100 mil dólares.

 

Una corona otoñal más....

 

En 1942, tras el bombardeo japonés en diciembre del 41 sobre Pearl Harbor, Estados Unidos decidió participar en la II Guerra Mundial.

 

DiMaggio tuvo en ese año la única temporada en que jugó todos los partidos del rol regular y colaboró con .305 de bateo, 21 jonrones y 114 producidas. Esa temporada con 43, 750 dólares tuvo uno de los dos salarios más altos de Ligas Mayores ya que Ted Williams ganó 40 mil con Medias Rojas.

 

Nueva York perdió a Johnny Sturm y al jardinero Tommy Henrich porque se enlistaron en el Ejército; aún así ganaron el banderín (sexto en siete años) con 103 victorias y ventaja de 9 juegos sobre Boston y se fueron a la Serie Mundial, ahora ante Cardenales, que sorprendieron en 5 juegos apoyados en Enos Slauhter, el novato Stan Musial, Terry Moore, Walter y Morton Cooper y Johnny Beazley.

 

Los Yankees empezaron ganando con Red Ruffin superando a Morton Cooper, pero luego los Cardenales apantallaron con cuatro victorias en línea.

 

Joe bateó .333, su segundo promedio más alto en Clásicos de Otoño, sólo superado por el excelente .346 que tuvo en 1936.

 

Entre 1943 y 1945, estuvo en el Servicio Militar, con un sueldo de 21 dólares mensuales y jugó beisbol para beneficio de los soldados. Nunca fue al frente de guerra, como sucedió, por ejemplo, con Ted Williams, quien participó en varios combates aéreos.

 

A Joe lo substituyó en el jardín central Johnny Lindell, quien en esa campaña sólo conectó 4 cuadrangulares, empujó 51 y bateó alrededor de .245. De todas formas N.Y. volvió a ganar el campeonato y en el Clásico de Octubre se enfrentó de nuevo a Cardenales venciéndolos en cinco partidos.

 

Su retorno del Ejército

 

En 1946, junto con Phil Rizzuto, Charlie Keller, Joe Gordon y Henrich, DiMaggio regresó a los Yankees ya como un veterano de 31 años de edad; tuvo problemas para ponerse en forma y una lesión en su talón izquierdo le hizo perder muchos juegos, sin que nunca cesara el dolor.

 

Además, N.Y., no estaba en su mejor nivel, lo que aprovechó Boston para llevarse el banderín.

 

DiMaggio escuchó abucheos en su propio parque y es que la fanaticada esperaba milagros de él. Sin embargo, aceptó las críticas como un verdadero campeón. Muchos comentaron que su estadía en el Ejército le había vuelto más tranquilo, más humano.

 

Ahora era más fácil conversar con el gran Yankee Clipper.

 

Fue el único año en que no pudo terminar arriba de los .300 de bateo. Concluyó con .290, 95 producidas y 25 jonrones.

 

Sin embargo, en el 47 volvió a brillar.

 

Fue el año del arribo de Jackie Robinson a Ligas Mayores para terminar con la barrera racial que no daba la oportunidad a cientos de talentosos peloteros negros de jugar en la Gran Carpa, como sucedió, por ejemplo, con el legendario Satchel Paige, quien tardó en llegar (a Indios) por un lapso de ¡20 años!

 

Con todo y que fue operado del talón en febrero en un hospital de Baltimore y vio acción hasta el quinto juego de la temporada, en su primera vez al bat... conectó jonrón.

 

Para el 5 de junio, DiMaggio bateaba .368, con una racha de 17 juegos consecutivos pegando de hit.

 

No escarmentaba el gran Joe.

 

Seguía con el bat haciendo sus diabluras.

 

Ese año pegó para .315, 20 jonrones y 97 impulsadas. ¡Y solo cometió un error!

 

Por un voto, le ganó a Ted Williams el trofeo de Más Valioso de la Liga Americana, el tercero de su brillante carrera.

 

Serie Mundial... por TV

 

Finalmente fue otra vez la bujía para que Nueva York ganara el título del circuito y la Serie Mundial a Dodgers de Brooklyn en siete partidos, ya dirigidos por Buck Harris.

 

Ese Clásico, siempre será recordado: Fue el primero que se grabó y transmitió por televisión (por la cadena NBC), en blanco y negro, en la historia de Ligas Mayores.

 

La nueva tecnología, había impactado y capturando a la fanaticada y además, con resultados económicos del todo favorables; incluso para la radio por sus derechos de transmisión.

 

Williams por DiMaggio

 

Esa temporada, después de una buena trasnochada, los co-propietarios de Yankees y Boston, Dan Tooping y Tom Yawkey, acordaron un cambio por demás inusitado: ¡DiMaggio por Ted Williams!, pero ya sobrios al siguiente día reconsideraron la negociación.

 

Y es que Yawkey no andaba muy errado:

 

Después del Rey George III, DiMaggio fue la más grande tormenta para Boston. El conectó de visitante en el Fenway Park 29 jonrones de por vida, de modo que imaginemos cuántos hubiese pegado de haber jugado con Medias Rojas.

 

En el 48 los problemas físicos volvieron:

 

Inició bien la temporada, pero comenzó a sentir un dolor en el pie derecho, que casi le era insoportable. Aún así, salía al campo de juego a darlo todo.

 

Los Yankees estuvieron metidos en la pelea hasta el final con Medias Rojas y Cleveland, pero fueron eliminados en el penúltimo día de la temporada, en Boston.

 

El Yankee Clipper jugó el último partido y conectó cuatro hits. En la novena conectó un batazo de aire contra la barda del jardín izquierdo y se tuvo que parar en primera para un largo sencillo.

 

“Cuando caminaba, parecía como si alguien me puso un picahielo en el talón”, recordó esa vez.

 

 

Ese año terminó con .320, lejos del .369 del campeón bat, Ted Williams, pero encabezó al circuito en jonrones (39) e impulsadas (155), su cifra más alta desde 1937.

 

Fue la vez en que más cerca quedó de llevarse la Triple Corona de bateo y, como recompensa tras pedir 70 mil por compaña, los Yankees le firmaron por ¡100 mil! para convertirse en el mejor pagado en la historia de Ligas Mayores.

 

Lou Boudreau que llevó al banderín a los Indios, ganó el título de Jugador Más Valioso, pero los cronistas nombraron a Joe, Jugador del Año.

 

Siguen las lesiones

 

Al término de esa temporada, DiMaggio fue de nuevo al hospital para una nueva operación (en noviembre), de tal forma que al comenzar los entrenamientos en febrero de 1949, sentía fuertes dolores y no pudo jugar en los partidos de exhibición. Su talón le dolía constantemente y, la  campaña en puerta, le iba a ser por demás turbulenta.

 

Sus lesiones, eran ya noticia nacional.

 

El 4 de mayo murió su padre y viajó a San Francisco en muletas para asistir al funeral. Y mientras se recuperaba de la lesión, se mantuvo casi siempre recuso en el hotel, viendo solamente a sus amigos más íntimos y a uno que otro reportero.

 

Muchos pensaban que no podría volver a jugar y que ya estaba acabado para el beisbol. Sin embargo, una mañana salió de la cama y al ponerse las pantuflas notó que el dolor había desaparecido.

 

El 14 de junio los Yankees regresaron de gira y acudió al estadio para su primer entrenamiento en mucho tiempo y fue tanta la práctica de bateo que terminó con las manos ampolladas.

 

Pero ya estaba listo para su retorno después de 65 juegos de temporada, aunque antes de ver acción fue con un ortopedista que le diseñó un zapato de beisbol para proteger su pie averiado.

 

Casey Stengel, era el nuevo mánager de Nueva York.

 

Y como timonel Yankee, también comenzará a escribir notables paginas de oro en el beisbol.

 

El equipo tenía serie contra Boston. Joe tomó el avión y a partir de la segunda entrada del primer juego, en medio de gran ovación, tendría una reaparición a su estilo: hit y cuadrangular. En total, durante los tres juegos, batearía cinco hits, cuatro de ellos jonrones para .455; nueve producidas y 17 bases conseguidas.

 

Más tarde, confesaría que esa fue la mejor serie de su vida y cuando llegó al Yankee Stadium lo esperaban miles de telegramas y cartas que lo felicitaban por su gran retorno.

 

Al finalizar la campaña, Boston iba a jugar dos partidos en Nueva York y con uno que ganara, era el campeón. Pero Yanquis triunfó dramáticamente 5-4 el sábado y 5-3 el domingo con todo y que traía una tremenda gripa y temperatura de 104; pero aún así, no quiso perderse la contienda diciendo que iba a estar con su equipo hasta el final.

 

Su señora madre, quien estaba muriéndose de cáncer, había llegado a NY junto con Joe Jr., convirtiéndose en el centro de atración ya que su otro hijo, Dominic, estaba con Medias Rojas.

 

Un reportero le preguntó que si a quién le iba, y contestó que a favor de los dos, pero que le gustaría que ganara Dom ya que Joe había triunfado demasiado.

 

El día de la coronación, los Yankees le tenían preparado un homenaje a DiMaggio, quien recibió muchos regalos, como un cadillac, una lancha de motor, un televisor, joyas, relojes, un auto y una bicicleta para su mamá e hijo, entre otros valiosos obsequios que le hicieron llorar por segunda vez en su vida de adulto; como sucedió en la despedida de Gehrig. Sólo alcanzó a decir “Gracias al buen Dios por haberme hecho jugador de los Yanquis”.

 

Primer juego nocturno

 

Los NYY ganarín el clásico Mundial en cinco a Dodgers, en una Serie otoñal que trascendería por algo inusitado el 9 de octubre en el Ebbets Field de Brooklyn:

 

El partido del quinto juego llegó a la novena entrada ganando Yanquis 10-6 y las tinieblas envolvieron al viejo estadio de los Esquivadores.

 

Surgió entonces la orden del Alto Comisionado A.B. “Happy” Chandler de ¡Prendan las luces!... y a la historia, con el primer juego nocturno de Ligas Mayores.

Joe tuvo un pobre .111 de bateo, pero conectó uno de los dos cuadrangulares que N.Y. conectó en la Serie que ganaron 4-1.

 

Ese año fue junto con un equipo de estrellas de Ligas Mayores a jugar al Japón, acompañándole su hermano Dominic.

 

Miles y miles de aficionados les rindieron gran recibimiento por el aeropuerto y principales avenidas de Tokio.

 

Joe DiMaggio era el más famoso americano después de Douglas McArthur.

 

Y cuando conectó un panorámico cuadrangular, los aficionados japoneses gritaron al unísono “¡Bansai, bansai, DiMaggio!”.

 

Amigo de “Cantinflas”

 

Mario Moreno “Cantinflas”, sin duda, fue uno de sus grandes amigos, de tal forma que no tuvo dificultad alguna para invitarlo a que ese año del 49 estuviera presente en una de las presentaciones de su obra teatral “Yo Colón”, en la que el gran mimo hablaba sobre el Descubrimiento de América.

 

La obra se estrenó con gran éxito en el Teatro Insurgentes de la Ciudad de México y luego continuó en el Teatro Lírico donde seguían los llenos y, precisamente, sería en ese escenario, antes del segundo acto, cuando presentó al notable pelotero.

 

Pidió un momento de silencio y dijo:...“a un amigo mío al que mucho admiro y es el mejor jugador de béisbol que hay en el mundo. Señoras y señores, está con nosotros, en esta sala, el formidable jugador de los Yanquis de Nueva York, Joe DiMaggio”.

 

Y allí estaba en el escenario, impecablemente vestido, alto, fuerte. Abrazó a “Cantinflas”, le dio la mano y saludó al público levantando su brazo derecho con su eterna sonrisa y luego regresó a su asiento para que continuara la obra.

 

Al día siguiente DiMaggio se fue a pasear varios días a Acapulco y en un centro nocturno le tomaron una foto cuando la exótica y bailarina Olga Chaviano, una belleza morena, le sacó a bailar, a dar unos pasos en el tablado ante el entusiasmo de los ahí reunidos.

 

En aquel 1949 también se exhibió la película “La Historia de Monty Stratt”, donde DiMaggio aparece en una escena conectando un cuadrangular.

 

Ese film llegó a la Ciudad de México en septiembre de ese año y abordó la vida de aquel excelente pitcher quien, en plena juventud, cuando brillaba con Medias Blancas de Chicago, le fue amputada una pierna a causa de un accidente de cacería.

 

Se acercaba el final...

 

En 1950 se las arregló para batear .301, traer a jom 122, pegó 32 jonrones, 33 dobletes y 10 triples.

 

Fue campeón en slugging, con .585.

 

Los Yankees retornaron a la Serie Mundial y limpiaron en cuatro a los Filis. DiMaggio pegó .308 y un jonrón.

 

Pero, se estaba acercando a su final.

 

El gran “Clipper” ya no jalaba tanto la pelota para el izquierdo, como solía hacerlo en antaño con aquella gran facilidad y, sus reflejos, eran lentos.

Ya no era el mismo.

 

Su último juego

 

1951 sería su último año como pelotero activo. Incluso el Life Magazine, reportó que Joe estaba listo para colgar los spikes. Esa temporada bateó sólo .263 con 12 jonrones y 71 impulsadas.

 

El 3 de julio jugó la primera base, única vez en sus 1,736 partidos de por vida que vio acción fuera del jardín. Joe Collins pasaba por un slump y Tommy Henrich, estaba lesionado. “Si alguien me enseñan donde esta la primera base, estoy listo”, dijo en broma.

 

Un mes más tarde, en medio de un slump, lo colocaron de quinto en el orden al bat y luego banqueado, por primera vez en su carrera ligamayorista. El 6 de julio, fue reemplazado en el jardín por el reservista Jackie Densen.... algo pasaba.

 

Con todo y ello, Yankees fue a la Serie Mundial, pero DiMaggio tuvo de 11-0 en los primeros tres juegos y Gigantes que habían pasado al clásico ante Dodgers con aquel dramático jonrón de Bobby Thompson al cierre de la novena y que “dio la vuelta al mundo”, habían ganado ya dos partidos.

 

Casey Stangel no se animó a sentarlo. De ninguna manera. En el cuarto juego en la primera entrada le pegó a Sal Maglie un batazo por el jardín izquierdo que se fue hasta el segundo piso de las gradas del Polo Grounds, pero la pelota cayó fuera del terreno de fer. Dio otros cuatro fouls y luego una curva del “Barbero”, lo ponchó.

 

En la tercera Joe dio hit y en la quinta... jonrón. Yogi Berra estaba en primera y parecía que él había pegado el cuadrangular. Le esperó en el plato y lo acompañó abrazado hasta la caseta donde lo estaban esperando sus compañeros. Sería su último vuelacerca.

 

En el quinto partido conectó par de sencillos y un doble. Parecía que volvía por sus fueros, como antaño. Y claro, NY ganó los juegos cuarto, quinto y sexto para otro banderín mundial.

 

En el sexto y último partido, recibió dos bases y al cierre de la octava frente a Larry Jansen, su última oportunidad al bat en el año y de su vida... pegó doblete al callejón del right-centro, que de haber estado bien de sus piernas y su espalda, habría sido triple.

 

La gente, lo seguía ovacionando.

 

Sabía que ese día, 6 de octubre, Joe se marcharía del beisbol.

 

Enseguida, Gil McDougald trató de enviarlo a tercera con sacrificio, pero Jansen fildeó rápido y lo sacó en tercera. DiMaggio se levantó después de la barrida, se dio un golpe al uniforme para quitarse el polvo y regresó a la caseta.

 

Los aficionados de nuevo se pusieron de pie para darle despedida de rey y muchos gritaban que lo querían de regreso en el 52.

 

Pero ya no fue así.

 

Dos semanas después, anunció su retiro. Tenía 37 años de edad y entonces, en rueda de prensa, dijo: “Cuando el beisbol deja de ser diversión, ya no es un juego. Así que he jugado mi último partido”.

 

DiMaggio finalizó su carrera de 13 años con .325, 361 jonrones y 1,537 producidas. Ganó tres veces el título de Jugador Más Valioso y dos de bateo.

 

Fue parte de nueve banderines mundiales (Yogi Berra logró 10) con Nueva York, que con DiMaggio en la alineación, tuvo 37-14 en las series otoñales.

 

En diez series mundiales bateó .271, con 8 jonrones y grandes atrapadas en sus 41 encuentros. Vio acción en todos los 13 años de su carrera. En sus 13 años con Yankees, vio acción en once Juegos de Estrellas. Nunca fue expulsado de un juego.

 

A Cooperstown

 

En tanto, en la primavera de 1952, un jovencito de Texas, de 19 años llamado Mickey Mantle, aparecía en el firmamento del Yankee Stadium.

Empezaría otra dinastía... otra era. Y grandiosa.

 

Cuatro años más tarde, en una tarde soleada de verano en Cooperstown, Nueva York, el legendario Joe DiMaggio fue aceptado oficialmente miembro del Salón de la Fama en el primer año en que su nombre fue considerado.

 

Y cuando su discurso, el gran “Joltin Joe” habló graciosamente de sus compañeros, de su mánager y de las lecciones que aprendió en el beisbol.

 

Su número 5 también fue retirado por los Yankees, para unirse a los de Ruth (3), Gehrig (4), Mantle (7), Berra y Billy Dickey (8), Roger Maris (9), Phil Rizzuto (10), Thurman Munson (15), Whitey Ford (16), Don Mattingly (23), Casey Stengel (37) y Reggie Jackson (44). (Al momento de redactar esta columna, hace ya años).

 

Se le había ido al beisbol uno de sus mejores héroes de todos los tiempos, pero se agigantaba su leyenda.

 

Disminuyeron entonces sus apariciones públicas, excepto en Juegos de Veteranos y cuando lo invitaban a lanzar la primera bola de juegos inaugurales o de Series Mundiales, luciendo siempre sencillo, elegante y una personalidad como pocas.

 

Se refugió en su restaurant de San Francisco y buscó alejarse de la fama que lo perseguía. Nunca llevó su personalidad más allá del campo de juego. Era beisbolista y ese era su contexto.

 

Su actitud hacia ser observado como una celebridad, la resumió en una respuesta a la pregunta de si sabía que aquella racha de los 56 juegos pegando de hit capturaría la atención de todo el país: “No tengo la menor idea. Es algo que sucedió y me tocó a mi ser el protagonista”.

 

Aparece Marilyn Monroe

 

Mientras que un juez le negaba a Dorothy la petición de más ayuda económica de parte de DiMaggio a Dorothy, en otro juzgado aplicaban una sanción por infracción a las leyes de tránsito a.... Marilyn Monroe.

 

Dos estrellas, dos celebridades, se habían conocido y,  Joe, el gran ídolo de millones de admiradores, se había enamorado de la bella rubia y empezó la corte amorosa.

 

Ella soñaba que con alguien que la quisiera, alguien que le hablara de amor y la llenara de atenciones y halagos. DiMaggio era todo un caballero y le hizo sentir todo eso, por lo que Marilyn se enamoró, posiblemente por primera vez.

 

Así, el 14 de enero de 1954 se casarían casi en privado el más famoso jugador de beisbol y la más famoso sexi estrella para irse de luna de miel a Japón con las cámaras de televisión encima, con todo y que por su timidez e incomodidad ante la fama Joe buscaba la privacidad. Y más, claro está, al lado de ella, la hermosa rubia.

 

Se unían dos íconos de la vida estadounidense.

 

En esos días, junto con otros peloteros de Ligas Mayores, Joe visitó en hospitales y en Vietnam a los soldados heridos para saludarlos, darles ánimos y desearles su recuperación, recordando sus días en Corea. Daba gran alivio su presencia, ya que, después de todo, simbolizaba el orgullo Yankee.

 

Una ocasión, Marilyn, quien también visitaba a las tropas estadounidenses para entretenerlos con su canto, encanto y presencia, le preguntó si sabía lo que se sentía estar frente a unas 50 mil personas, a lo que le contestó... “Sí, sí lo sé”.

Sin embargo, el matrimonio no iba a durar mucho tiempo. Para empezar, le disgustaba verla en papeles demasiado atrevidos y sexuales y aún cuando aceptaba que fuera actriz, tenía una pobre opinión de la industria del celuloide porque sentía que la explotaba.

 

Como buen latino, no comulgaba con aquello de que todos los hombres compartieran las cualidades físicas de su mujer. Odiaba que tuviera  que exhibirse.

 

Sentía que la veían con deseo.

 

Y... no era para menos.

 

Seguramente nunca olvidó aquel saludo de Marilyn al presidente Kennedy en el Madison Square Garden de Nueva York, cantándole el Happy birthday con un vestido ajustado y transparente que no dejaba nada a la imaginación y que quedó entre los momentos más destacados del siglo XX.

 

Una ocasión, acompañado de Frank Sinatra, hizo su entrada a un hotel y llegó hasta su cuarto cuya puerta rompió ya que tenía la seguridad de que Marilyn estaba ahí con un hombre. La pareja que ocupaba la habitación por poco y muere del susto y él no hallaba la forma de disculparse.

Marilyn le quería hacer entender que sólo a él le amaba y que exhibirse era parte de su trabajo. Incluso deseaba de todo corazón tener un hijo, pero la naturaleza le había negado la maravilla de la maternidad. Algo había mal en su organismo que se lo impedía.

 

Cuando aquella famosa escena que se repitió más de dos ocasiones sobre un respiradero del metro de Nueva York, en la esquina de Madison y Séptima Avenida, en que a Marilyn se le levantaba la falda frente a una multitud de curiosos que presenciaba la filmación, (The seven year itch), decidió que ya era suficiente y pensó en el divorcio.

 

Ya había notables diferencias en temperamentos, gustos y estilos de vida entre ambos, como para seguir viviendo bajo el mismo techo.

 

Llegó lo inevitable ante los tribunales de California del sur:

 

De acuerdo a las bases usuales ordinarias de crueldad mental, un juez declaró nulo el matrimonio con todo y que lo lamentaban, decidiendo no llegar a ninguna disputa por propiedad o finanzas entre ambas partes.

 

Marilyn se hundió en la depresión. Se había ido de su lado la única persona que había amado y se sentía sola y triste. Joe, por su parte, había declarado que que la amaba más que a nadie, pero que sería incapaz de seguir viviendo a su lado sabiendo que la exponían como carne en un mercado.

 

DiMaggio sólo estuvo casado con Marilyn 274 días. Del 14 de junio al 27 de octubre.

 

Después Marilyn contrajo nupcias con el escritor Arthur Miller, uno de los más famosos intelectuales de los Estados Unidos. Sin embargo, éste comenzó a hablar y escribir despectivamente de ella, por lo que el divorcio no se hizo esperar en 1961 y una vez más quedaba sola y con problemas emocionales.

 

En esos días, Joe siempre le acompañó como amigo y había rumores de segundas nupcias. Pero su temperamento tranquilo no ayudó ni era el remedio para la necesidad compulsiva de amor que ella necesitaba.

 

Más tarde, la noche del 5 de agosto de 1962, la historia nos cuenta la muerte a sus 36 años de edad, al parecer por una sobredosis de barbitúricos, dejando sin embargo una profunda tela de duda su muerte por su relación reciente que había tenido con el Ministro de Justicia Robert y su hermano el presidente John F. Kennedy.

Un observador diría en esos días en torno a Joe: “Ha sido su peor derrota en una vida llena de triunfos”.

 

Después de su muerte, durante un lapso de 20 años, DiMaggio le estuvo mandando rosas rojas a su tumba dos veces por semana, pero dejó de hacerlo cuando se hizo público por la prensa.

 

El se hizo cargo de los servicios funerales y no pasaron más allá de 30 invitados, sin que se observara la presencia de celebridades. Ahí estuvo su hijo Joe Jr., con su uniforme de la Marina.

 

Su gesto de darle una ceremonia fúnebre del toda digna y el envío en secreto de rosas rojas y su repentina interrupción, sugieren, sin duda alguna, la verdadera profundidad de los sentimientos hacia Marilyn.

 

Más tarde, en su restaurant, los aficionados podían saludarlo y platicar con el... siempre y cuando no preguntaran sobre ella.

 

 

Tutor de una dinastía

 

       Oakland, en 1968 tuvo en DiMaggio un nuevo coach de bateo. Y aunque era conocido como “vicepresidente”, en realidad su trabajo consistía en ser un tutor de las futuras estrellas del equipo, como Reggie Jackson, Sal Bando, Joe Rudi y compañía.

 

Y los resultados saltaron de inmediato:

 

De un último lugar, los Atléticos subieron al segundo puesto y más tarde, en 1971, lograron el título de su división para luego caer en tres partidos en el play off ante Baltimore.

 

Sin embargo, Oakland lograría, a partir de 1972, tres títulos mundiales consecutivos, inspirados por Jackson, Jim Hunter, Vida Blue, “Blue Moon” Odom, Ken Holtzman, Rollie Fingers, Dagoberto Campaneris, Joe Rudi, Ray Fosse....

 

Además, impusieron nueva y vistosa moda en el beisbol con coloridos uniformes, pelo largo, mostachos y hasta una mula dentro del terreno de juego llevaba Charles O’Finley, el excéntrico propietario de aquella gran dinastía.

 

“Estuve asombrado de él. Era un hombre humilde de condición. Y su presencia era irresistible; era el hombre más reconocido que había visto. Podíamos caminar en los aeropuertos y la gente se paraba, lo veía y lo señalaba. Pero creo que a él no le gustaba llamar la atención”, dijo Sal Bando en aquellos días cuando fue otro de los héroes de aquellos famosos y tremendos Atléticos de Oakland.  Bando pasaría después a ser el gerente general de los Cerveceros de Milwaukee.

 

El Centenario del beisbol

 

En 1969 se celebró el primer centenario del beisbol profesional (1869-1969).

 

El 21 de julio, en Washington, dos noches antes del Juego de Estrellas, en ceremonia especial nominaron a Babe Ruth el pelotero más grande de todos los tiempos y a Joe DiMaggio el mejor de los activos, ganándole tal premio por escaso márgen a Willie Mays.

 

El climax era formidable.

 

Al siguiente día, después de un gran banquete al que acudió lo más grande del beisbol de antaño y de la época, alrededor de 500 peloteros visitaron a Richard Nixon en la Casa Blanca, acompañándoles al acto prominentes personalidades, ejecutivos y periodistas.

 

Todo Washington estaba conmovido por el gran momento que se vivía y la celebración de los primeros 100 años del beisbol.

 

Ford Frick, entonces Alto Comisionado, ante el presidente de Estados Unidos, emitió un concepto que lo dijo todo: “Esta conmemoración solidifica la imagen de nuestro pasatiempo nacional”.

 

Y ahí estaba otra vez el gran Clipper.

 

En Casa Blanca y el Carta Clara

 

DiMaggio era frecuentemente invitado a la Casa Blanca y una vez recibió la Medalla Presidencial de Libertad; en otra ocasión, asistió a una cena de Estado con Ronald Reagan y Mikhail Gorvachov.

 

En 1970, volvió a México:

 

En marzo 18, junto con el Alto Comisionado del Beisbol de Ligas Mayores, Bowie Kuhn, fue invitado de honor por los Leones de Yucatán, quienes ese año regresaron a la Liga Mexicana.

 

Más de 15 mil aficionados reunidos en el Parque Carta Clara de Mérida, vitorearon y admiraron al legendario “Clipper” que presenció la victoria de los Leones sobre el Águila de Veracruz (4-1) con pitcheo de Juan Ramón Quiroz.

 

En 1991 volvió al famoso Paseo de las Rosas, en Pasadena, donde fue homenajeado junto con Ted Williams por el 50 aniversario de aquel inolvidable verano que tuvieron en 1941.

 

El presidente George Bush, un ávido fanático de los Medias Rojas durante la década de los cuarenta, calificó a Joe como de “Excelencia”.

Pero el tiempo no se detuvo para DiMaggio.

 

El 25 de noviembre de 1998, celebró sus 84 años de edad internado en el Hospital Memorial de Hollywood, Florida.

 

Había ingresado el 12 de octubre de ese año y dos días más tarde fue sometido a una cirugía de tumor canceroso en su pulmón derecho.

 

Volvió a sufrir una infección pulmonar, desarrollando fiebre, por lo que se le trató con antibióticos y su presión sanguínea se le mantuvo con medicamentos.

 

Su padecimiento y convalecencia, fue preocupación y noticia mundial.

 

Pero, como siempre: el gran héroe, convaleciente, exigió a sus médicos que no se informara sobre su salud, en tanto llegaban 300 cartas por día para animarle.

 

Joe logró salir airoso de ese trance, para irse a su hogar, en Florida, donde una noche, cuando se encontraba acompañado de un amigo... un noticiero de televisión anunció sobre su fallecimiento, lo cual le consternó.

 

Sin embargo, no pudo más.

 

Poco después de la medianoche del 8 de marzo de 1999, el símbolo de la época dorada de los Yankees, quien personificara la elegancia y cautivó por si talento, expiraba en su residencia a consecuencia de la serie de complicaciones derivadas del cáncer de pulmón detectado meses antes y una neumonía que deterioró mucho su salud.

 

Al momento de morir se encontraba con él su hermano Dominic, dos nietos y dos viejos amigos, Joe Nacchio y Morris Engelberg. este último, informó sobre su deceso.

 

Su cadáver fue trasladado a California y fue sepultado en San Francisco, previa misa de cuerpo presente en la catedral de San Pedro y San Pablo, donde había recibido su primera comunión.

 

El presidente Clinton, tras su muerte, diría: “Hoy Estados Unidos perdió uno de los héroes más venerados del siglo, Joe DiMaggio. este hijo de inmigrantes italianos dio a todos los norteamericanos algo en qué creer. Se convirtió en el verdadero símbolo del garbo, la fuerza y el talento de los estadounidenses”.

 

“Joe DiMaggio fue alguien que personificaba al “Héroe” de Hemingway. Hizo frente a la adversidad con garbo bajo presión”, dijo Joe Dorinson, autor de “Jackie Robinson: Raza, Deporte y el Sueño Americano”, que incluye una comparación entre Robinson y DiMaggio.

 

Bud Selig, Comisionado del Beisbol de Ligas Mayores, también expresó:

 

“Para varias generaciones de fanáticos al beisbol, Joe personificó el garbo, la clase y la dignidad en los diamantes. Su persona trascendió los campos de juego y conmovió nuestros corazones.

 

En muchos sentidos, en su condición de hijo de inmigrantes, representó las esperanzas y los ideales de nuestro país. Joe DiMaggio fue un héroe en el sentido más cabal de la palabra. estar con él, era un acontecimiento que generaba excitación, expectativa y alegría”.

 

Homenajes en su memoria

 

En su memoria y como eterna gratitud en el tiempo, el 25 de abril de 1999 fue descubierto un monumento de granito y bronce que evoca su figura, el cual está ubicado atrás del jardín izquierdo del Yankee Stadium, precisamente en el Parque de los Monumentos.

 

Ahí están inscritos los momentos más destacados de su carrera deportiva y recuerda que en 1969 fue proclamado como el mejor jugador de beisbol aún vivo.

 

Sólo en otras cuatro ocasiones, en casi un siglo de vida de Yankees, se había erigido un monumento en honor a un jugador de esa franquicia. Los otros son de Babe Ruth, Lou Gehrig, el mánager Miller Huggins y Mickey Mantle.

 

Allí también, desde 1969, se encuentra una placa en su honor, donde reza “Joe guió a los Yanquis a su más dominante era”.

 

En la ceremonia en la que el cardenal arzobispo de Nueva York, John O´Connor, impartió la bendición al monumento, se encontraban sus compañeros de equipo Yogi Berra, Whitey Ford, Phil Rizzuto, Nahk Bauer, Jerry Coleman y Gil McDougald.

 

El Yankee Stadium estuvo repleto de fotos de DiMaggio, banderines del equipo con moños negros y no faltaron las lagrimas en recuerdo de tan grande ídolo del beisbol.

 

Dos días antes, en la iglesia de San Patricio, varias personalidades del deporte, la cultura y la política, asistieron a una misa en su honor oficiada por el cardenal O´Connor, donde además se congregaron cientos de sus amigos y admiradores, entre los que destacaron el cineasta Woody Allen, el ex-Secretario de Estado Henry Kissinger, los ex-beisbolistas Bobby Brown y Yogi Berra, así como el propietario de los Yankees, George Steinbrenner.

 

La ceremonia fue organizada por el amigo y médico de DiMaggio, Rock Positano, y al término de la misma, O´Connor solicitó que se rindiera una ovación en pie.

 

Más honor no podía recibir.


 

Por J

domingo, 8 de noviembre de 2020

ECO...


 Al Bat


Raúl Cano.

    1. GRACIAS, GRACIAS...


Se agradece: 


RAÚL CANO: Estimado Paisano, te felicito afectuosamente por tu aniversario de incansable trabajo de comunicación para nuestro querido béisbol y muchas felicidades por el aniversario de bodas con tu amada esposa. 


ENGUERRANDO TAPIA GARDNER (Junio7.mx) Felicidades mi Jesse; impresionante, motivante y ejemplar tu currículum y trayectoria. ¡Abrazos!


WILLIE JIMÉNEZ: Don Jesús Alberto Rubio, muchísimas Felicidades por tantos logros personales y por el Aniversario de su Matrimonio; Diosito me los Siga Bendiciendo y Protegiendo... Un Abrazote.


HABACUC GARCÍA JÁCOME: ¡Felicidades mi estelar cronista del Deporte Rey! Toda una gran trayectoria limpia y llena de grandes anécdotas que nos brinda de mil maneras, de un gran amor de lo que siente y piensan los Dedos de una pluma Mágica, la que nos transporta al último rincón de lo que está dentro nuestro querido Béisbol. Que sigan los éxitos y va mi reconocimiento por tu gran labor periodística que impulsa todo lo que lo mueve, a ese mundo maravilloso, que es el Béisbol, además de sumarlo en tu vida cotidiana con un buen average matrimonial.  ¡¡¡Felicidades!!!



Qué decir...

 

Lo mismo, mi agradecimiento por las expresiones, concepto y mensajes recibidos de José Coronado Aguayo (Sahuaripa); Arturo León Lerma, Héctor y Reyna Becerra, Francisco Santacruz, Juan Antonio Jasso, Paco Salazar, Horacio “Zurdo” Ibarra, Vicente Arturo Carranza, Gaspar López, Luz Marina Martínez Arias, Roberto Pedro Duarte Zamorano, Gerardo Ernesto García López, Francisco “Chico” León, Gabriel  Zepeda Miramontes, Juan Luis Duarte Camilo Hernández, Cesáreo Suárez Naranjo y Javier Campos Guzmán.

Igual, de Juan Carlos González Iñigo, Ignacio Romero Navarrete, Luis Carlos Joffroy, Alejandro Flores, Ramón Ángel Romero Valdés (mi ex alumno Comunicación/Unison); Raymundo Arce Portillo, mi primo Vogar Cáñez Sánchez, Bernabé LópezPadilla, Manuel S. González Guerrero, Carlos Alberto Ibarra Osorio, Lidia Rosas, Blanca Ortiz Martínez, Catalina Balderas Pérez, Sussie Chico, Julio Maquinay, Luis Alfonso Domínguez Carballo,  José Gilberto Díaz Mendoza, Rafael Belmonte, Guillermo Luna Ceballos, Manuel Arroyo, Juan Antonio Somohano Hernández, Gerardo Vázquez, Carlos Lizárraga, Raymundo Arce y mi compadre Paco Martínez... ¡más los que falten de mencionar!




ABRAZOS.

lunes, 26 de octubre de 2020

 





Una vez que concluya la Serie Mundial 2020, los Yankees de Nueva York no tardarán mucho en tomar sus primeras decisiones importantes. El equipo tiene dos opciones de equipo para decidir, y solo tienen cinco días para decidir después del Clásico de Otoño.

Brett Gardner y Zack Britton tienen opciones de equipo esta temporada baja. La de Gardner es solo una cláusula genérica de opción de equipo, mientras que la de Britton es un poco más confusa.

Britton ha cumplido dos años de un contrato de $ 39 millones por tres años. Sin embargo, los Yankees deben decidir este año si elegirán una opción de $ 14 millones en 2022. Si el equipo elige no tomar la opción, Britton puede salir al mercado abierto esta temporada baja.

Con una efectividad de 1.89 y un WHIP de 1.000 en 2020, Britton está defendiendo su opción de ser elegido. Pero Gardner, por otro lado, 2020 no fue de ninguna manera su mejor temporada.

En 130 turnos al bate, Gardner bateó .223 con cinco jonrones y 15 carreras impulsadas. Tuvo un OPS de .747 con 108 OPS +. Por muy bueno que haya sido Gardner con los Yankees a lo largo de los años, parece que se le está acabando un poco el combustible. Su ofensiva no es la misma y la vimos en acción esta temporada.

Es realmente difícil decir qué harán los Yankees con Gardner. Su opción vale $ 10 millones la próxima temporada, pero eso es mucho para un jugador que no tiene un rol titular garantizado. El equipo tiene jugadores jóvenes como Clint Frazier y Mike Tauchman que quieren comenzar y han demostrado su potencial antes.

Sería difícil ver a un veterano leal en Brett Gardner alejarse del equipo, pero su actuación esta temporada realmente no fue suficiente. Tal vez puedan renegociar un trato para mantenerlo en el banco la próxima temporada si no creen que pueda ser el titular.

Pero en cuanto a Zack Britton, es muy poco probable que los Yankees lo dejen caminar. Es demasiado valioso para el equipo y el bullpen no será el mismo sin él.

domingo, 11 de octubre de 2020

REGLAMENTOS Y PROTOCOLOS PARA LA TEMPORADA 2020-2021

 



REGLAMENTO DE PRENSA  

DE LA LIGA ARCO MEXICANA DEL PACÍFICO


 (En el texto se respeta la nominación LMP).


Temporada 2020-2021 

 

El presente reglamento es para cumplimiento por los medios acreditados para cubrir las actividades de liga y/o clubes de la LMP, éste debe hacerse cumplir a través de los responsables de Difusión y Medios de cada club.

 

El reglamento de Prensa para la temporada 2020-2021 de la LMP, respeta los términos descritos en el apartado de Medios del Protocolo de lineamientos de contingencia por Covid-19.

 

A)   De las acreditaciones de prensa

 

Existen tres tipos de credenciales de prensa: las acreditaciones expedidas por los clubes, los pases de prensa de la Liga Mexicana del Pacífico y las acreditaciones para la Serie Final en los casos que sea necesario.

 

Las credenciales otorgadas por los clubes son válidas únicamente en la plaza que asigna la respectiva acreditación, mientras que los pases de liga tendrán validez en las diez plazas del circuito.

 

Ambas credenciales, tendrán validez desde la inauguración hasta la etapa de Serie Final.

 

Para la Serie Final, la Liga Mexicana del Pacífico lanzará una nueva convocatoria de acreditación para los medios locales y externos a las plazas finalistas que estén interesados en hacer una cobertura de dicha Serie de Campeonato.

 

B)   Del proceso de acreditación

 

Toda acreditación de medios sea otorgada por LMP o por el club local, es personal e intransferible. El propósito de las acreditaciones es identificar, permitir el acceso y dar las facilidades para trabajar en la cobertura planeada a su portador.

 

         Acreditaciones de prensa de los clubes

 

Los medios locales deberán realizar su solicitud de acreditación en las oficinas del club, en la plaza correspondiente a su localidad.

 

Las solicitudes deberán hacerse vía correo electrónico al responsable de comunicación que corresponda:

 

Eduardo Meza, Águilas de Mexicali – prensa@aguilasdemexicali.mx

Ricardo Hernández, Naranjeros de Hermosillo – rhernandez@naranjeros.com.mx

Sergio Iván Pérez, Yaquis de Cd. Obregón – prensa@yaquis.com.mx

José Amaro, Mayos de Navojoa – mayoscomunicacion@gmail.com

Andrey Fuentes, Cañeros de Los Mochis – prensa@caneros.net

Rubén Benítez, Algodoneros de Guasave – prensa@losalgodoneros.mx

 

Fernando Esquer, Tomateros de Culiacán – prensa@tomateros.com

Román Barrón, Venados de Mazatlán – rbarron@venados.com

Asdrúbal Gómez, Charros de Jalisco – comunicacion.charros@gmail.com

 

Eduardo Ríos, Sultanes de Monterrey – eduardo.rios@sultanes.com.mx

 

         Pases de Prensa LMP

 

Los medios foráneos a la región natural de LMP que cubran recurrentemente los juegos, deberán solicitar su pase de prensa directamente en las oficinas de liga, enviando un correo electrónico a Santiago Mayo González, Gerente de Difusión y Medios de la LMP al correo: medios@lmp.mx.

 

La solicitud debe presentarse en hoja membretada, incluyendo los datos de la(s) persona(s) interesada(s), así como una fotografía tipo credencial (formato JPG).

 

Además de los medios foráneos, los clubes asociados de la LMP enviarán un listado incluyendo solamente a los medios locales que dan cobertura profunda a la liga y que, por lo tanto, requieren un pase de liga para poder cumplir con sus objetivos asistiendo a otros parques.

 

La LMP tiene la facultad de acreditar a los medios locales que no hayan sido incluidos previamente en las listas de cada club.

 

Queda terminantemente prohibido a los medios cuya sede radique en alguna de las diez plazas de la LMP, transferirse a otra plaza para conseguir un pase de liga. En casos extraordinarios, presidencia de la LMP tiene la facultad de autorizar pases de liga.

 

Una vez autorizado el pase de liga, se tiene que avisar la asistencia al club por día, siendo los correos electrónicos proporcionados anteriormente la vía de comunicación. Esto para respetar el número de medios permitidos por encuentro en cada plaza estipulados en protocolo COVID LMP.

 

         Acreditaciones para Serie de Campeonato

 

Las Acreditaciones de Clubes y Pases de Liga LMP serán válidas hasta la Serie Final. Se lanzará una nueva convocatoria de acreditación para la Serie de Campeonato para aquellos clubes que así lo requieran, a través de la Liga Mexicana del Pacífico. Únicamente ésta credencial será válida para la serie final.

 

NOTA:

Liga y clubes se reservan el derecho de otorgar o no las acreditaciones. El estatus de su solicitud será notificado vía correo electrónico.

 

El proceso de acreditación para los responsables de las transmisiones oficiales de televisión será manejado aparte, los acreditados deberán cumplir también con las disposiciones de este reglamento de prensa.

 

C)   Del ingreso a los estadios

 

Los días de juego, el personal de las áreas de Comunicación y Atención a Medios estará a disposición en las distintas plazas con dos horas de anticipación a la hora de inicio del juego.

 

La entrada a los estadios para todos los integrantes de los medios de comunicación debidamente acreditados será de manera estricta por el acceso de prensa y/o pases e invitados asignado en cada parque de beisbol apegado al protocolo de covid.

 

La acreditación de Medios LMP deberá ser portada durante todo el juego, en un lugar visible para todo el personal que labora en los distintos estadios.

 

D)   De las Áreas de trabajo

 

Las áreas de prensa serán las asignadas basadas en protocolo COVID por el club, serán los únicos reconocidos como espacio de trabajo.

 

        De las Áreas de Prensa

 

Los lugares disponibles son asignados a los representantes de los medios de comunicación que harán la cobertura del juego y que porten sus credenciales asignadas en todo momento.

 

El acceso a las áreas de prensa se podrá efectuar dos horas antes del inicio de cada juego y podrán permanecer hasta una hora después de que el encuentro del día haya terminado.

 

Es obligación del club facilitar que los palcos de prensa cuenten con internet y conexiones eléctricas suficientes para todos los representantes de la prensa. Es obligación de los integrantes de los medios hacer uso responsable del área de trabajo, así como respetar y cuidar el inmueble.

 

Queda prohibido que los representantes de medios de comunicación lleven a este sitio a personas no acreditadas.

 

E)   De los fotógrafos en el campo

 

Los fotógrafos que deban realizar su trabajo solo podrán ubicarse en los espacios asignados por el club, con motivo del protocolo sanidad aplicado en cada estadio. Queda prohibido el acceso a otras áreas que no sean las autorizadas en cada plaza. Se prohíbe el uso de bancos personales ya que estos impiden la visión de los aficionados. Queda prohibido el uso de flash.

 

Los fotógrafos deberán portar su acreditación durante todo el tiempo que dure su cobertura de cada juego. Se les pide, además, extremar precauciones para evitar accidentes, estar atentos al desarrollo del juego para evitar ser golpeado por la pelota.

 

Con las tecnologías actuales, el uso de los drones debe ser antes y después de los juegos a una altura no menor de 20 metros, no durante el desarrollo del juego, los equipos de béisbol y la liga no nos hacemos responsables de algún desperfecto que éstos pudieran tener al momento de ser utilizados para los fines que los medios lo determinen.

 

          F)  Del código de vestimenta

 

Se pide a los integrantes de la prensa que vistan de forma respetuosa, recordando que el parque de pelota es un lugar de trabajo. Por respeto a jugadores, afición, colegas y cuidando su imagen misma, se pide mantener una línea de vestimenta formal y cuidar los siguientes aspectos:

 

Se prohíbe:

 

         El uso de chancletas,

 

         El uso de prendas con mensajes ofensivos,

 

         El uso de prendas de cualquier club de LMP, recordando que son medios de comunicación que van a trabajar, no son aficionados,

 

         El uso de ropa con transparencias, shorts o vestidos demasiado cortos o ajustados, será motivo para impedir la entrada al estadio,

 

         Se pide a los caballeros evitar el uso de camisetas de tirante y shorts.

 

H)    Aclaraciones

 

La Liga Mexicana Del Pacifico y sus diez equipos no se harán responsables por ningún daño físico sufrido por el portador de la acreditación de Medios LMP o Medios Clubes o a su equipo de trabajo, durante su estadía en algún estadio.

 

El presente reglamento fue revisado y aprobado por los responsables de comunicación de los diez clubes que conforman la Liga Mexicana del Pacífico.

 

I)    Uso de contenido

 

A partir de la Temporada 2020-2021, los derechos de la LMP pertenecen al 100% a SKY, en sus plataformas; SKY SPORTS, VETV y BLUE TO GO, por lo que queda estrictamente prohibido la grabación y reproducción total o parcial del juego.

 

Así mismo, se prohíbe el uso de fotografías a manera de secuencia o cualquier tipo de adaptación que asemeje la acción en vivo del juego.

 

Para el uso de los resúmenes e imágenes de los juegos para noticieros o programas informativos, será obligatorio mandar una carta membretada con la solicitud, dirigida a Santiago Mayo González en la oficina de la LMP para darle el seguimiento directo con SKY, la respuesta les llegará por el mismo medio.

 

La utilización de la señal de SKY así como la grabación de las acciones del terreno de juego sin consentimiento de SKY, puede generar consecuencias legales con la compañía.




 

Todos los medios de comunicación deberán firmar carta responsiva y aceptar de conformidad el reglamento de prensa LMP Temporada 2020-2021 así como el siguiente protocolo de salud COVID-19.

 

 

MEDIOS

 

 

3 requisitos indispensables para poder ingresar al estadio: Acreditación, revisión y escaneo de temperatura al ingresar al estadio. En caso de no cumplir con alguno de estos tres requisitos, se negará el acceso del personal a las instalaciones.

 

Los medios acreditados podrán ingresar al estadio 2 horas antes del inicio del juego y deberán dejar el estadio máximo una hora después de concluir el encuentro.

 

Al menos que la liga considere puntual alguna excepción en juegos de alta demanda (Inauguración, playoffs, serie final) el número máximo de integrantes de la prensa en los estadios, incluyendo fotógrafos, será de 20 medios.

 

El club se reservará el derecho del ingreso a los medios acreditados basados en los protocolos y requerimientos de las autoridades locales.

 

Cuidados personales de salud

 

Uso obligatorio de mascarillas en todo momento.

 

Mantener una sana distancia (mínimo 2 mts. De acuerdo a los lineamientos de sector salud).

 

Requerir a los medios el lavado de manos o uso de gel sanitizante constantemente. El club deberá proveer en áreas específicas los articulos de sanitización pertinentes.

 

Cualquier omisión de estos protocolos se retira a la persona del estadio.

 

Áreas restringidas

 

No permitir acceso a clubhouses ni dugout, ni a terreno de juego. 

 

(Toda entrevista en el terreno de juego y con distancia mínima de 2 metros, solo podrán realizarse por el personal de las compañías de derechos de televisión y radio).

 

Espacios de trabajo

 

El equipo sede dispondrá de gel anti-bacterial y toallas/líquido sanitizante para la limpieza del área de trabajo.

 

Habrá espacios delimitados para prensa y el personal de medios no deberán salirse de esos espacios (ejemplo querer sentarse en las gradas), a menos que la organización designe espacio de graderío como área de fotografía.

 

El área de trabajo cuando se requiera se podría colocar FUERA de la cabina de prensa (Al aire libre).

 

La estadísticas y kits de prensa se enviarán vía electrónica (evitar la manipulación).

 

Los miembros de la prensa no podrán andar recorriendo o paseando por el estadio. En caso de presentarse esta situación el club podría retirarlo del estadio y en caso de reincidencia podría quitarse acreditación.

 

El área de trabajo se debe limpiar y sanitizar después de cada uso por parte del club.

 

Los elevadores se utilizarán ÚNICAMENTE por personas que por su condición física o de salud no puedan subir escaleras.

 

Entrevistas virtuales

 

Previo y posterior al encuentro se podrán hacer entrevistas, pero éstas serán de manera virtual (Zoom o alguna otra plataforma), las cuales serán coordinadas por los encargados de prensa de cada plaza.

 

NINGÚN medio distinto a las compañías que tienen los derechos de televisión y radio tendrá contacto directo (presencial) con jugadores, directivos o algún otro personal de operaciones de beisbol.

 

Para las entrevistas para la empresa que tiene los derechos de televisión solamente puede estar con el jugador el camarógrafo y el entrevistador (con una sana distancia, mínimo 2 metros).

 

          Fotógrafos/Camarógrafos

 

Los clubes deberán entregar acreditaciones EXCLUSIVAS para fotógrafos y camarógrafos distintos a la compañía de los derechos de transmisión.

 

Se designarán áreas para fotografía respetando una sana distancia (mínimo 2 metros de separación, el club proporcionará en este espacio gel anti-bacterial para el uso del personal que se encuentra laborando).

 

Los fotógrafos/camarógrafos no deberán estar cerca de los camarógrafos de la transmisión, tampoco próximos al área de los jugadores.

 

 

 

 

 

 

 

 

Los fotógrafos/camarógrafos podrán buscar otros ángulos de tiro de fotografía con previa autorización del club. En ningún momento deberán sentarse en áreas no designadas al área de fotógrafos.

 

Podrá hacerse uso de drones para documentar imágenes en el terreno de juego SOLAMENTE antes del inicio y después del cierre del encuentro, la altura mínima es de 20 metros.

 

 

Alimentos

 

 

El club que así lo decida podrá brindar alimentos a los medios (siempre y cuando estén empacados de manera individual).

 

Los medios y el equipo de producción podrán traen su propia comida al estadio, siempre con la autorización previa de los clubes.

 

 

Personal de TV de derechos de transmisión

 

 

La compañía productora de los juegos de la Temporada 2020-2021 ha desarrollado su protocolo de COVID-19 el cual ha sido avalado y autorizado por la propia LMP y las autoridades correspondientes. Anexo se encontrará el protocolo de MEDIAPRO.

 

Tendrán su acreditación que les distinga en todo momento como parte del staff de la transmisión, la acreditación se solicitará en el portal indicado por LMP y debe ser avalada por el director de la producción.

 

La dirección de producción deberá solicitar acreditación a tres personas por unidad de producción que funjan como suplentes inmediatos en caso de que alguno de los operadores de planta presente síntomas relacionados a COVID, alguna enfermedad o inconveniente para desarrollar su función.

 

 

El staff de producción tendrá acceso por una puerta única, la cual definirá cada club.

 

Es el único personal de medios de comunicación que podrá estar en el terreno (sin permitirles el contacto directo con jugadores).

 

Los operadores de producción tienen prohibido juntarse en grupos para entablar conversaciones referentes a temas externos de trabajo. Esta práctica puede generar una falta administrativa.