lunes, 14 de septiembre de 2020

LOS DOS SIN HIT DEL TORO

 



Al Bat

 

Los dos sin hit del Toro

 

Por Jesús Alberto Rubio.

 

De nuevo vamos con gusto a continuar hoy con el tema de Fernando Valenzuela y qué mejor recordar cuando en su formidable trayectoria lanzó dos juegos sin hit ni carrera; uno en la LMP con los Mayos de Navojoa y el otro lanzando para los Dodgers de Los Ángeles.

 

El primero lo tiró el 8 de enero de 1982 con los Mayos blanqueando 1-0 a los Tomateros de Culiacán en juego de 7 entradas en un histórico partido celebrado en el parque “Manuel Ciclón Echeverría" de Navojoa.

 




La carrera fue impulsada por Fernando Camargo con fly de sacrificio en la segunda entrada ante Cecilio Acosta, quien fue el derrotado.

 

Ya se imaginará la algarabía de la afición del Mayo.

 

Juan Treviño fue el receptor de aquel gran juego de Fernando, quien en ese tiempo dijo: “Lo hizo cuando “El Toro” estaba en los cuernos de la luna”.

 

Y así lo anotó:

 

“Mucha gente no sabe lo que tiraba Fernando”. Tenía su recta, curva grande y chica (duro y despacio), slider grande y corto (duro y despacio), screwball largo y corto… y el cambio lo tenía muy bueno, así que cuando tiraba la recta parecía que era de 100 millas por hora”.


 

El otro ocurrió el 29 de junio de 1990 con los Dodgers ante los Cardenales de San Luis, convirtiéndose en el primer mexicano en lograr esa hazaña en la pelota ligamayorista. Esa noche en el Dodger Stadium triunfó 6-0, abanicó a siete, y otorgó tres bases por bolas.

 

Curiosamente ese día Dave Stewart -- excompañero de Valenzuela en los Dodgers – previamente había también tirado un juego sin hit ni carrera por los Atléticos en Toronto.

 

Y fíjese: cuando uno de los compañeros del Toro le dijo de lo hecho por Steart, el orgullo de Etchohuaquila le contestó: “Bueno, acaban de ver uno por televisión; ahora verán otro en vivo”.

 

Era esa vez la última temporada que iba a tener con los Dodgers, ya una época lejos de la “Fernandomanía” del zurdo mexicano en 1981 y de su campaña de 21 triunfos en 1986.

 

Aquella temporada lanzó 20 juegos completo y tiró 270 entradas, ponchó a 242 ponches y se llevo también el Guante de Oro. Al final perdió el Cy Young ante Mike Scott de los Astros.

 

Si gusta, aquí tiene el video de esa hazaña del Toro:

 

https://www.youtube.com/watch?reload=9&v=efFHcfIuCEs


 

En igual forma, si quiere trasladarse a los orígenes y desarrollo que desde su niñez tuvo Fernando en el beisbol, le comparto dos enlaces que lo dimensionan a todo esplendor:

 

https://steemit.com/biografia/@rcarrillom/fernando-valenzuela

 

http://webcache.googleusercontent.com/search?q=cache:37rfw4szkrUJ:https://www.historiadehermosillo.com/htdocs/BIOGRAFIAS/VALENZUELA/VALENZUELA.htm&hl=es&gl=mx&strip=1&vwsrc=0




Rodrigo Rodríguez Gámez:

 

Pocos hablan del debut de Fernando en grandes ligas el 15 de septiembre de 1980 (este 15 de septiembre se cumplirán 40 años del debut del Toro de Sonora en la gran carpa) ante Bravos de Atlanta en el estadio Fulton Country de esa ciudad, con una pobre entrada de 8,025 fanáticos, en un juego rapidísimo de 2:12 horas. Bravos venció a Dodgers 9-0, alzándose con la victoria Tommy Boggs y el derrotado fue Burt Hooton.

 

Fernando tuvo un año de ensueño en 1980 ya que no aceptó carrera limpia, por eso siempre he sostenido que la “Fernandomanía” inicia en 1980 y no en 1981 como muchos sostienen.

 

En 1980 inicia la leyenda, un fenómeno social que paralizaba el país en cada salida, se acentuaba el orgullo de ser mexicano, el orgullo de ser de Sonora, el orgullo de ser indio Mayo.

 

Recuerdo aquel encabezado en el diario Los Ángeles Times: Nueva York 0- Fernando 1. Ahí se sintetiza la grandeza de Fernando.

viernes, 11 de septiembre de 2020

El brillo del diamante y de los recuerdos

 



Por Germán Martínez Aceves.

 

A la memoria de mi padre

  

Mi padre, pelotero orgullosamente llanero, segunda base del “Transportes Victoria” y a la larga el mana-ger, solía llevarme al Parque del Seguro Social para ver diversos juegos de béisbol en cada temporada.

 

Nuestro lugar de costumbre era del lado derecho, la sección roja, arriba del dogout de los Diablos Rojos del México. Llegábamos temprano para ver el calentamiento, mi padre analizaba las jugadas que practicaban y yo, tirado de panza sobre el techo de la caseta escarlata, pedía autógrafos en una pelota a cada uno de mis ídolos como el Abulón Hernández, el Zurdo Ortiz, el Diablo Montoya y todo el equipo rojo.

 


La emoción crecía cuando llegaba la hora mágica del béisbol, las 19:30 horas. En los radios de transistores se oía la voz de Óscar el Rápido Esquivel a través de la XEX, el Cananea Reyes se encaminaba rumbo al home para el protocolo de intercambio de line ups y los detalles de las reglas del terreno, y entonces salían corriendo de la caseta los Diablos como almas que llevan el béisbol mientras la Marabunta Roja hacía sonar las matracas y la sirena y las porras retumbaban con el Mé-xi-co, tan tan tan, Mé-xi-co, tan tan tan.

 


Ahí entre la porra no faltaban Pepe Jara, Carmen Salinas, El Santo, Chelelo, Chabelo o Tin Tán. Y si era el esperado encuentro México vs Tigres, el duelo de porras de la llamada “guerra civil” ponía en juego la creatividad y picardía de los aficionados.

 

Por la porra de los Diablos surgía el coro ahorcando a un tigre de peluche: “Me voy pal pueblo/ hoy es mi día, chinga a su madre Chito García”; y la tribuna azul respondía colgando un “judas” de cartón con figura diabólica: “En el agua clara/ que brota en la fuente/ chinguen a su madre/ los que están enfrente”, y entre mentadas y pasiones, tacos de cochinita pibil y hot dogs, vendedores de quinielas y algunos apostadores, aficionados de hueso colorado y villamelones, amigos y familias, transcurrían los días felices del béisbol mexicano en el Parque Deportivo del Seguro Social.

 


Entre 15 y 20 mil aficionados por partido éramos testigos de las hazañas cotidianas de los hacedores del rey de los deportes. Mis héroes favoritos siempre los quería ver en el cuadro de lujo aunque nunca coincidieron. Mi line up particular era Pat Bourque en la primera, Abulón Hernández en la segunda, Antonio Villaescusa en las paradas cortas, Abelardo Vega o Nelson Barrera en la tercera; Tawa Lizárraga en el jardín izquierdo, Diablo Montoya en el jardín central, Miguelillo Suárez el jardín derecho; Paquín Estrada o Kalimán Robles en la receptoría y en la lomita de las responsabilidades, Ramón Arano o Zurdo Ortiz o Luis Meré o René Chávez, y en el relevo, sólo Aurelio López.

 


Verdaderos ídolos, aguerridos guerreros del diamante que hacían de cada jugada una historia y de cada partido una leyenda. Cómo olvidar las atrapadas maravillosas estrellándose en la barda del Diablo Montoya, el mascoteo y arrojo del Kalimán Robles, los batazos descomunales y oportunos de Pat Bourque, y esas doble matanzas armadas entre Villaescusa y el Abulón, auténtica poesía en movimiento.

 

Sin embargo, mi padre y yo teníamos un hombre a seguir, el Abulón Hernández, para nosotros era el pilar moral, bastaba que abriera el orden al bat con un hit o que tocara magistralmente la bola para avanzar a Villaescusa o que se lanzara por una pelota con su guante seguro para saber que teníamos la balanza a nuestro favor.

 


Y en el papel del Abulón, el propio Abulón.

 

Un día oí decir por los micrófonos de la XEX al Rápido Esquivel que la mamá del Abulón había llegado a bus-car al pequeño Ramón Hernández a la escuela y que nadie sabía quien era el mentado niño Ramón hasta que alguien dijo “ah, claro, es el Abulón”.

 

No sé si sea cierta la anécdota, pues tanto el Rápido como el Mago Septién, como buenos cronistas deportivos, se la pasaban creando y recreando leyendas. Sin embargo, yo me imaginaba en una escuela primaria de Veracruz a un pequeño “Abuloncito” con su uniforme de Diablo Rojo tomando clases en el salón, y eso encendía más mis sueños.

 

En 1969, año en el que el hombre llegó a la Luna, Ramón Hernández aparece en la alineación de los Diablos Rojos como short stop, temporada donde el Diablo Montoya llegaría a los 1,000 hits conectados y Alfredo Ortiz era el primer pitcher mexicano zurdo en obtener 20 victorias en una temporada. El manager de la novena escarlata era Tomás Herrera.

 


Un año antes Ramón Arano le ganaba a los Yankees de Nueva York 5-3 en el Parque del Seguro Social en un memorable juego donde los bom-barderos del Bronx habían sido limita-dos a cinco hits gracias a la serpentina mágica del “Trespatines”.

 

En 1971, el Abulón pasó a la segunda base, misma que sería su posición histórica. José Zacatillo Guerrero era el manager de los escarlatas

 

El Abulón Hernández fue campeón con los Diablos Rojos en 1973 bajo la dirección de Wilfrido Calviño. En esa temporada Miguelito Suárez bateó .323 de porcentaje con 13 triples; Pedro Ramos, Julio Navarro y el Zurdo Ortiz lanzaron partidos de tres carreras limpias en promedio por partido y en la serie final, la novena roja le ganó a los Saraperos de Saltillo 4 juegos a 3.

 


En 1974 vuelve a ser campeón, ahora bajo la estrategia del inmortal Benjamín Cananea Reyes y los relevos impresionantes de Aurelio López. Es el año de la despedida del Diablo Montoya. Los Diablos Rojos vuelven a ser campeones en 1976 y superan en campeonatos al Águila de Veracruz y a los Sultanes de Monterrey. Los pingos llegaron así a seis coronas convirtiéndose en los máximos ganadores de la Liga Mexicana.

 

La ficha histórica, la frialdad de los números de Ramón el Abulón Hernández con los Diablos Rojos, es la siguiente: jugó 1 717 partidos; tuvo más veces al bat con 6 505; más carreras anotadas con 904; más hits con 1904; más toques de sacrificio con 142; más toques de sacrificio por temporada con 22; flys de sacrificio 59; más bases robadas con 184; más base por bolas recibidas con 483; jugó 15 temporadas; tuvo el récord de más outs con 2941; más asistencias con 3126; más errores con 124 (bueno, eso no es de presumir) y más doble plays con 760, la mayoría de ellos con la excelente mancuerna formada con Antonio Villaescusa.

 

Un Abulón que va contra la corriente

 

El Abulón Hernández es notable en sí, por sus gestas en el diamante, sin embargo, su figura se acrecienta por ser el impulsor del movimiento sindi-cal del béisbol en México.

 

Llega el 1 de julio de 1980, los aficionados esperábamos una vez más el inicio del clásico México-Tigres. Apenas el 7 de mayo habían brindado un trepidante juego de 15 entradas donde los pingos ganaron 2-1, precisamente teniendo como bujía principal al Abulón y en René Chávez en el montículo.

 

Esa noche mi padre y yo no fuimos al partido, pues casi siempre nos esperábamos al tercer y definitivo juego que era cuando regularmente se definían las series de la “guerra civil”. Así es que a las 19:30 horas estaba pendiente de la señal de la XEX, el Mago Septién era el cronista de los partidos de Tigres, team local en esa ocasión y entonces oí algo extraño.

 


El Lobo Sáiz, el ampayer principal, gritó el forfeit, fin de juego, ante 20 mil espectadores que se encontraban en el Parque Deportivo del Seguro Social. Los Tigres fueron decretados ganadores por el Lobo y como dice el librito, la pizarra fue de 9-0. La razón: los Diablos Rojos se negaron a salir a jugar y pararon en solidaridad por el despido de Vicente Peralta, paradójicamente, de los archirrivales felinos, por pertenecer a la recién formada Asociación Nacional de Beisbolistas (ANABE).

 

Había visto situaciones en el memorable “Seguro Social” donde los partidos se suspendían porque el camión de los rivales no había llegado, como me tocó sufrirlo con los Charros de Jalisco y los Alacranes de Durango, o bien por las clásicas lluvias del verano, pero por paro laboral ¡jamás!

 

Benito Terrazas en Casa llena, bola roja.

 


La lucha de los peloteros de la Anabe narra el momento de esa noche, el cisma del béisbol nacional.

 

“Cronistas, aficionados, todos listos para presenciar el clásico; pocos observan que los jugadores del Diablos no se encuentran en el terreno. Algunos periodistas comentan que están en un mitin con el manager Cananea Reyes. Nadie sabe el motivo de la reunión, faltan pocos minutos para que empiece el partido. Las porras están alegres, hay un ambiente beisbolero de clásico. Los partidarios de los Tigres se ubican por un lado de la tercera base y los de los Diablos por la primera. Se agitan los porristas, en el dogout de los felinos hay un diablo colgado simulando un ahorcamiento. Por el lado de los luciferes pasean un gatito escuálido”.

 

La ANABE era ya una nave que navegaba: El club Ángeles de Puebla había hecho ya un paro de tres días en respaldo a Jorge Fitch que había sido cesado arbitrariamente por Jaime Pérez Avellá.

 


El 12 de mayo de 1980 se constituyó la ANABE y el 4 de agosto de 1980 se realizó Asamblea Constitutiva del Sindicato Único Nacional de Trabajadores Profesionales de Beisbol de la República Mexicana y presentaron ante la Secretaría de Trabajo y Previsión Social la solicitud de registro de la ANABE teniendo como secretario general a Ramón Hernández Zamudio, y José Luis Naranjo Cantabranas, secretario de actas y acuerdos.

 

Las columnas del movimiento sin-dical beisbolero estaban formadas y no iban a permitir ya que los pescaran más fuera de la base. De ahí que ante las explotaciones laborales y los tratos infrahumanos, la dignidad y valentía de los beisbolistas, llevara a parar el histórico 1 de julio de 1980.

 


El béisbol era tan importante que el movimiento logró una audiencia el 14 de julio con el presidente de la República, José López Portillo. Ese día, en Los Pinos, robándose todas las señas para avanzar a la siguiente base, el Abulón Hernández habla como representante de la ANABE:

 

“Sabemos que vivimos la crisis más grave de la historia del deporte, crisis que afecta también a miles de mexicanos que obtienen su sustento realizando trabajos relacionados directa o indirectamente con nuestro trabajo profesional.

 

“Hasta hace algunas semanas tuvimos acceso al régimen del Seguro Social. Durante muchos años las empresas, irresponsablemente, impidieron que nosotros y nuestras familias disfrutáramos de la protección social que corresponde a cualquier trabajador.

 

“Desde siempre las empresas han conducido a su libre arbitrio y apartadas de la ley, la relación de trabajo. El contrato individual que nos impone constituye el instrumento por el cual se nos ha llevado a una falsa creencia de la realidad”.

 


La denuncia por los bajos salarios, el señalamiento que a lo largo del año trabajan 10 meses y sólo les pagan ocho, las malas condiciones para viajar grandes distancias y aún lo peor, el momento del retiro donde tienen que afrontar a su peor rival, el abandono y la miseria, fueron denunciadas ante López Portillo quien les ofreció “formar una comisión para estudiar el caso”. Respuesta clásica, salida fácil, mientras los intereses del poder estaban muy estrechos con la soberbia y arrogancia de Alejo Peralta, mandamás de la Liga Mexicana quien declarara:

 

“Esto es inaudito, no lo comprendo. Me están llegando rumores de diversos tipos, pero debo esperar a tener una idea de lo que ocurre, aunque debo adelantar que ahora sí habrá un castigo ejemplar para los culpables”. (Novedades, 1980)

 

Y lo hubo, la ANABE formó su propia Liga, muchos los apoyamos a los diamantes a donde iban, me sentía orgulloso al verlos jugar en el Campo 1 de la Deportiva, donde jugábamos nosotros con el “Transporte Victoria” en nuestro plan de llaneros; si nos pedían cooperación para que los equipos obtuvieran más dinero, lo aportábamos, los aficionados llamábamos a otros para que fueran a los partidos de la llamada Liga Nacional, pero el destrozo a la lucha encabezada, entre otros, por el Abulón Hernández fue irreversible.

 

Los medios de comunicación, en su mayoría, fueron armas contra el movimiento; la cizaña fue sembrada entre los peloteros y, finalmente, con su poderío económico y su ceguera patronal, Alejo Peralta acabó por poner out y desmoronar a la ANABE, al béisbol mexicano, a nuestros ídolos, nuestras ilusiones, nuestros sueños, nuestras vidas beisboleras.

 


El brillo del diamante

 

Todo este énfasis sobre el Abulón Hernández es por varios motivos, porque esta entrega fabulosa de El brillo del diamante que nos ofrecen Ramón el Abulón Hernández y Jorge el Biólogo Hernández coeditada por Ficticia y la Universidad Veracruzana, es una excelente presentación de lujo que añora a las revistas Hit y Superhit con una selección de lo que ellos con-sideran, a su criterio, los mejores peloteros de todos los tiempos en cada posición.

 

Leerlos, releerlos, ver las fotografías, nos llena de nostalgia y recuerdos de un ambiente beisbolero que ya se nos fue y ahora es atrapado en este libro.

 

Y me detengo con el Abulón porque si bien es el autor, está ausente de las leyendas del béisbol mexicano y me parece una injusticia. La ficha de Ramón Hernández debería aparecer entre los mejores segundas bases, justo en el capítulo “¡Que se vuelva a parar!...la segunda base es de los jarochos” junto a Vinicio García y Beto Ávila.

 

El brillo del diamante. Historia del béisbol mexicano es un documento que agradecemos infinitamente los aficionados a nuestro amado Rey de los Deportes, el compendio de leyendas, de datos, de sabor a béisbol que hacen el Abulón y el Biólogo me regresa de nuevo a las butacas de nuestro añorado Parque Deportivo del Seguro Social, desde donde me tocó embeberme de este deporte que es ciencia, habilidad, destreza, talento y tejido fino donde se forman las grandes amistades y las relaciones estrechas entre familias.

 

Ahora lo confirmo, mi admiración por el Abulón Hernández iba más allá. Si bien era mi particular personaje de referencia, mi modelo a seguir en el béisbol (también fui segunda base en el Transportes Victoria), adquirió más relevancia cuando se convirtió en el hombre honesto con gran ética y sentido de la justicia en todo lo alto para promover el primer y único movimiento sindical beisbolista.

 


La ANABE surge justo cuando estaba cursando mi carrera en la Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco y con Javier Solórzano, otro fan de los pingos beisboleros, seguíamos de cerca al movimiento sandinista en Nicaragua, a la guerrilla salvadoreña, y por supuesto, al Unomásuno, que gracias a las memorables notas de Benito Terrazas, nos ponían la con-ciencia roja y apoyábamos a nuestros queridos Diablos Rojos desde las herramientas teóricas proporcionadas por Gramsci, Mattelart y Schmucler.

 

El Parque Deportivo del Seguro Social ahora son ruinas y el actual Foro Sol es un albergue de la ausencia, incómodo y sin el ambiente beisbolero pasional de los aficionados y sus porras. Algunos jugadores salen al campo como si les pesara el guante, la música hueca suena como en una casa de fantasmas, es más, ni los tacos de cochinita pibil saben igual.

 

Por eso agradezco al Abulón Hernández y al Biólogo Hernández esta maravilla de la memoria recuperada llamada El brillo del diamante. Historia del béisbol mexicano. Ojalá tengan el espíritu de los extra-innings y nos ofrezcan pronto otro texto sobre el béisbol, pues las historias en esta fuente inagotable de leyendas, son inacabables.

 

Mi padre tenía razón cuando veíamos entrenar al Abulón Hernández. Me pasaba su brazo derecho sobre mi espalda y con el dedo índice de su mano izquierda me señalaba: “Fíjate en ese hombre, de él puedes aprender mucho”. 


Así es.

lunes, 7 de septiembre de 2020

UN MILLONARIO MEXICANO, “CASI” EXCEPCIONAL

 

 


Segunda parte: 


"La generosidad de Pasquel".

 

Por Cesáreo Suárez Naranjo.

 

Decíamos, en nuestro anterior que, para algunos, JORGE PASQUEL - con su inmensa riqueza - proyectaba la imagen de ser una persona GENEROSA...puede que así haya sido, en algunos casos.

 

Como los gestos de desprendimiento que menciona John Virtue en su libro “SOUTH OF THE COLOR BARRIER” (foto), y que traducimos: "...(Educación) y filantropía llegaron a ser intereses importantes para PASQUEL (foto). Cuando adquirió tres ranchos en el centro del país (de uno de los cuales ya hablamos en la primera parte, ubicado en San Luis Potosí), mandó construir escuelas y contrató profesores para los hijos de sus trabajadores. Y otorgó más de cien becas al año, de modo que los estudiantes destacados carentes de recursos pudiesen continuar con sus estudios", ello es comprensible, aceptable y loable (¡mal habría sido, si no lo hubiera hecho, en favor de la gente que le servía!).

 

Pero no fue "generosidad" en la mayoría de los casos lo que lo movió, pues, si por ello quieren hacerse creer los regalos y premios que les daba a algunos de sus jugadores (seguimos con Virtue), cuando lograban algo importante en el terreno de juego, como eso de que a John “Schoolboy" Taylor le obsequiara un traje por cada blanqueada que lograra (y "esa temporada" lanzó ocho"); o de cuando "le pidió a Monte Irvin" (a quien había recriminando por "estar bateando bien, pero puros sencillos") en un partido que los Azules de Veracruz iban perdiendo 2 a uno, que le pegara un jonrón y así poder darle la voltereta y ganar (lo cual consiguió Irvin) de tal manera que el magnate le obsequió 500 dólares", no lo entendemos como "generosidad" en el verdadero sentido de la palabra sino como “jactancia, o presunción", nacidas de la vanidad. ¿Habrá sido igual de “generoso, con jugadores mexicanos, “un Ángel Castro”, un Carlos Galina, un Cochihuila Valenzuela..cuando hacían algo destacado? ¡Lo dudo! 

 


Antes de seguir, con el aspecto de la "generosidad", hacemos una breve digresión (o, como quien dice, nos salimos un momento del tema principal) pues cabe señalar "un detalle", y para tal fin diré que llevado por la intención obvia de documentarme (a modo de "confirmar las cosas"), quise examinar la parte correspondiente a "Schoolboy" Taylor, que "debía aparecer" en la Enciclopedia del Beisbol Mexicano, "cerrada" hasta la temporada de 2010 (de la cual tengo el disco que hace algunos años, generosamente - ¡eso, sí! - me envió Luis Antonio Villegas Moreno, hijo del "Bimbo" Villegas), que mandó recopilar Pedro Treto Cisneros, siendo aún Presidente de la Liga Mexicana, en la que colaboró directamente el "buen" Tommy Morales. Considero que este último hizo todo lo más y mejor que pudo. Pero, sin quererlo criticar, existen "algunas lagunitas", las que alguien que tenga la "influencia" suficiente, ergo, los directivos de la Liga, podrán mandar subsanar en un momento dado.

 


Pero, "resulta" de que a pesar de que Taylor (foto) jugó varias temporadas en México (la primera de ellas con los Cafeteros de Córdoba de DON Lázaro Penagos, cuando fueron campeones en 1939; y, luego, con los Azules de Veracruz, contratado ya por Pasquel, cuando también obtuvieron dos gallardetes de manera consecutiva), este jugador de color no aparecen en el “global” de actuaciones, por lanzadores con dos o más temporadas (como debiera de ser), sino que "aparece mencionado como si hubiera actuado una sola temporada, la de 1946", que fue cuando regresó al circuito, con el brazo lastimado, y tuvo muy pobres números; pero ha sido omitido en cuanto al resto de sus campañas". Cierto: en el renglón de mejor porcentaje, de juegos ganados en una temporada – la de 1939 – sí aparece…¡pero, nada más! Un error lamentable.

 

Pero, hemos de continuar con nuestras observaciones, de lo más "pertinentes". Y el tema aquí, "de momento", ha sido el de "la Generosidad" del señor PASQUEL.

 

Y, preguntamos: ¿Es, acaso, ”GENEROSIDAD”, el darle a un amigo, político para más señas, Fernando Casas Alemán, su reloj de oro,  cuando “la molleja” de este último se descompuso? ¡Vamos, hombre, a "otro perro con ese hueso! 

 

Y, menos, cuando un piloto de la aerolínea Eastern Airlines entró a sus oficinas y se quedó viendo a un rifle que Pasquel había mandado colgar en la pared. "¿Le gusta?", preguntó "don" JORGE. El empleado contestó afirmativamente. El magnate se paró de su asiento, desprendio el rifle de su lugar, y se lo dió al sorprendido empleado. 

 


En su "papel de generoso”, dice Virtue que cuando Pasquel se encontró con "el Yankee Clipper", Joe DiMaggio (ya que lo había invitado para platicar sobre su contratación que, se dice era con una oferta de 120,000 dólares anuales), este último se quedó viendo a los zapatos que traía el magnate, ¡muy a la moda, azules, de piel de lagarto!; y, sin duda alguna, adquirido en uno de los almacenes más exclusivos del país del norte!. Casi con la misma pregunta que le hizo al piloto, le dijo a DiMaggio: "¿le gustan?"; y al recibir una respuesta afirmativa de parte del pelotero, de inmediato Pasquel le ordenó a uno de sus asistentes que le tomaran la medida del pie, y le hicieran una docena. Pero, eso - definitivamente - no es "generosidad" (¡Total que, al fin y al cabo, DiMaggio obtuvo el "regalito", sin comprometerse para nada). Y aún falta"lo mejor".

 

Porque, ¡ni mucho menos!, podemos llamarr "generosidad" en cuanto a los regalos que les hacía a "sus detalles". No vamos a ir "muy lejos", y veamos el "affaire" amoroso que tuvo con "doña Bárbara" (¡cañón, se me quedó pegado lo de la película!), es decir "la Doña" María Félix. Dice Virtue que cuando filmaba "Macaria" en Michoacán, y debido a las incomodidades, entre ellas la mala comida, Pasquel le enviaba todo lo necesario para que la "dama" se sintiera bien (¡Pobrecita, lo que le mandaba Pasquel era comida "de gente humilde": entre otras cosas caviar y langostas!) 

 


Y si a "generosidad" nos vamos, veamos de cuando "la Doña" estaba actuando en Nueva York, y a pesar de haber viajado con ¡40 maletas!, no tenía "un solo vestido, decente", para ponerse ese domingo. Bueno, para "empezar", ese día no abrían las tiendas, pero...¡ve tú a saber cuánto - ya de por sí - gastaba Pasquel, cuando iba a Estados Unidos, y especialmente en "Sacks"! de la cual le echó un telefonazo a la encargada (“casi” podemos imaginar la conferencia: "Hello!, Sacks Public Relations manager speaking there? Yes? Well, listen, here George PASQUEL, I need you make a favour on behalf of my name to a Lady, friend of mine, who is in New York and needs some dresses, and you should charge all them into my account"), y esta tienda abrió únicamente para atender a "María Bonita"; quien, hasta eso, "no fue mucho lo compró... apenas "unos cien mil dólares"(y, todo, por cuenta de Pasquel). "Poderoso Caballero es don Dinero", decía Quevedo (pero no el "Rolando" de aquí de Coatzacoalcos, ja, ja, ja, sino aquel "señor" español, con mucha sabiduría y picardía).

 


Tenemos, ahora, que avocarnos a "una guerra". Pero la guerra de la cual hablaremos en este punto no fue, en principio, la dirigida hacia las Ligas de Estados Unidos, las Negras y luego las Mayores. Porque, primero (y no hay que olvidarlo) fue aquí mismo. Y Fray Nano, el "respetable" don Alejandro Aguilar Reyes, tuvo mucho que ver. Lo dejamos para el tercer capítulo.